Miami es sinónimo de arte y vanguardia. Sin embargo, ¿por qué nunca se había hecho un evento dedicado exclusivamente al arte acción? Esta, supongo, debió ser una de las motivaciones de Charo Oquet para lanzarse en este proyecto.
Quiero darme el lujo de hablar en primera persona, aunque la redacción periodística sugiere conservar un nivel saludable de distancia del hecho reseñado. Sirvan estas líneas como advertencia: he optado por contar desde mis vivencias. No puedo hablar de las emociones y aprendizajes de estos días sin recurrir a las memorias en primera del singular, como artista.
Del 26 al 29 de julio, el Design District de Miami acogió el Miami Performance International Festival 2012 (MP12), organizado por la artista dominicana residente aquí Charo Oquet (Gran Premio de la 26 Bienal Nacional de Artes Visuales).
Participamos de manera presencial cinco artistas dominicanos: Eliú Almonte, Grimaldy Polanco, Jochi Muñoz, Ismael Ogando y quien escribe estas líneas.
Además de nosotros, tal vez el país extranjero con mayor presencia internacional, creadores de Argentina (Gabriel Montero), Canadá (Christine Brault e Irene Loughlin), El Salvador (Alexia Miranda), Colombia (Eduardo Oramas), España (Jessica Hirst), México (Pancho López), Panamá (Diego Bowie) se dieron cita para participar, junto con creadores locales y fans del arte contemporáneo en los dos espacios de Miami Beach: el Jardín Botánico (donde se iniciaron formalmente las actividades el jueves 26) y el 150 NE 40 street del muy conocido Design District, que terminó siendo nuestro segundo hogar durante estos cuatro días.
Experiencias
Participar en este evento me permitió darme espacios de conversación y reflexión con toda la comunidad. Resalto aquí una coincidencia entre Christine Brault y yo respecto a la importancia que tiene el proceso durante la acción performática, con igual importancia (y hasta tal vez más) que el resultado.
En la primera jornada de los “artist talks”, donde ambos participamos junto con David Prusko (NY) y Jochi Muñoz, surgió el tema y Christine lo planteó de la siguiente manera: “muchas veces tengo planificado cómo voy a empezar, pero no siempre cómo voy a terminar, surgen acontecimientos en el trayecto que me hacen cambiar la idea inicial”.
Eso también es parte de la performance como arte. No en vano el concepto “arte de incertidumbre” fue el eje fundamental que sirvió para la selección de las piezas y los artistas que participamos en MP12.
Las videoperformances fueron un eje fundamental que permitió tener acceso al trabajo de otros artistas de distintas latitudes. “Uneatable”, curaduría del chileno Samuel Ibarra, permitió al público acceder a artistas como Mila Berríos Palomino y Elizabeth Neira.
Pero también participaron a través de la pantalla Fausto Gracia (México) y David Pérez ñKarmadavis- (República Dominicana), entre otros.
Recursos de la imaginación
Aún sigo pensando en la acción de Jessica Hirst, un valiente testimonio sobre la fragilidad humana, utilizando una serie de huevos que sirvieron de metáfora, y con la integración del público.
En esa misma línea “Borderline: the artist is not present” de Irene Loughlin, fue un gigantesco grito de denuncia respecto a los casos de pederastia por parte de sacerdotes.
Iguales signos de admiración tengo para “Latina del norte 1 y 2”, piezas de Christine. La arena y el hielo fueron los recursos, sumados al cuerpo, que la canadiense trabajó integrando códigos que hacían recordar los sueños de mejoría de los inmigrantes latinoamericanos hacia USA. De los locales, me detengo en tres artistas cuyo trabajo -valga el neologismo- me “despeinó”: Orestes de la Paz, Belaxis Buil y Nicole Soden.
A esta última la incluyo a pesar de ya conocer previamente su trabajo desde el pasado mes de febrero en “Independence DO”, porque sus trabajos de “Sacred Geometry” realizan planteamientos sobre las relaciones humanas a partir de símbolos geométricos y químicos trazados con arena y fuego en el suelo. Fue emotivo y desgarrador observar su pieza.
En los casos de Orestes y Belaxis, sus trabajos tuvieron distintas apelaciones al diario vivir y a los cánones de belleza y sumisión. En “21st century suicide”, accionada por Orestes el último día del MP12 en el Jardín Botánico, pudimos sentir un claro ambiente de denuncia al estado de vida sedentario estadounidense, cuando el artista se envuelve en plástico para microondas e introduce su cabeza en un horno de este tipo, permaneciendo allí durante varios minutos mientras una bocina reproducía los sonidos típicos del equipo encendido como un efecto sonoro adicional.
“I am useful”, de Buil, fue un grito de dolor ante la realidad de ciertas mujeres. Mirándola pensé en los niveles de compromiso del artista para que las lecturas primordiales puedan ser comprendidas por el público.
Su acción no dio espacio a la duda, vestida con un mantel de mesa, adoptó una posición arqueada y boca abajo, sosteniendo con las manos unas bases de mesa.
(+)
LAS PIEZAS DE LOS DOMINICANOS
“Yelidá en agua dulce” de Eliú Almonte con la colaboración de Nicole Soden. Con el texto poético de Tomás Hernández Franco como base, el puertoplateño transformó los roles: ya no es el muchacho noruego enamorado de una dominicana, sino más bien el dominicano que conquista una gringa, brindándonos una reflexión en distintos niveles sobre las relaciones de pareja, el turismo sexual en nuestra media isla y la promoción social que persiguen quienes practican esta vía de proxenetismo.
“365” de Jochi Muñoz. Aquí reivindiqué aquel planteamiento sobre performance como poesía del movimiento que empecé a desarrollar en febrero al ver al canadiense Paul Couillard. En este duracional, Jochi trabajó el tema de la violencia de género como un sufrimiento invisible pero latente, al clavar -con admirable paciencia y parsimonia- igual cantidad de agujas según días que tiene el año en una manzana. ¡Pura poesía visual!
“SM for beginners” y “Ad infinitum” de Ismael Ogando. Conocido por sus happenings en distintos espacios públicos de Santo Domingo, Ismael trabajó una acción a partir de textos del marqués de Sade (a quienes quisieron “jugar” les pasó una vela y, luego de encenderla, les pidió que le dejaran caer en conjunto la cera caliente sobre su espalda). La segunda pieza que se exhibió contó con la colaboración del performero panameño Diego Bowie.