Johannes Vermeer realizó entre 1664 y 1665 una pintura a la que nombró como “La joven de la perla”. Cuando miramos el cuadro no nos imaginamos la historia que hay detrás de la trasparencia de los ojos de esta chica. El 1999 la escritora norteamericana Tracy Chevalier escribió la historia que los colores y los pinceles no pudieron atrapar. Nadie se imagina las razones de esos labios entreabiertos que aprecian a primera vista en el cuadro.
A primera vista Tracy Chevalier relata la típica historia de la joven de escasos recursos que se ve en la necesidad de emplearse como doméstica en una casa de familia económicamente acomodada. Este empleo cobra múltiples matices en el desarrollo de la historia. Pues la casa donde se emplea la joven es la de un reconocido pintor y éste desea hacerle un retrato. A medida que avanza la trama la autora logra dar a los personajes los rasgos que sacan la historia del tradicional doncellismo.
En las trescientas dieciséis páginas de la novela van entrelazándose amplias descripciones conforme van pasando los hechos. Esta fusión da como resultado ingredientes que entretienen los sentidos del lector y a la vez colaboran con las acciones que han de acontecer luego.
Narrada en primera persona, la joven de la perla, pone en relieve los sentimientos y opiniones de una joven mujer, atropellada por un contexto que la hace inferior por carecer de status. Solo en sus pensamientos tienen vida las ideas de el mundo que ella se ha forjado. Es allí expresa todo el mundo interior que aquel ambiente antagónico le ha hecho construir.
Hay que reconocerle a Tracy Chevalier el haber estructurado una historia, que pese a la época donde está ambientada, permite una resolución final de los conflictos que conviene a todos los personajes. Y es ahí donde la autora rompe un poco el patrón de la novela realista, pues un desenlace no adherido al fatalismo que cualquiera hubiera predicho, sorprende gratamente al lector.
Un libro susceptible de soportar múltiples lecturas, su temática clásica, hace que todas las generaciones sientan lazos comunes con ella. Cuando un autor aborda este tipo de tópicos gana en el aspecto de conquista de grandes grupos y corre el riesgo de perder en tanto a la predicción automática de sus finales. Chevalier logra no caer en esto último pues salomónicamente acierta con un desenlace equilibrado.
El director Peter Webber llevó esta trama al cine en el 2003, para encarnar el papel de la joven de la perla eligió a la actriz norteamericana Scarlett Johansson y para el papel de Vermeer acudió a la actuación de Colin Firth.