Ventana 12 Febrero 2012
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LITERATURA
El Pastor dijo: “Corta”
ENTRE RITUALES Y HEREJÍAS EL POETA SE BURLA DEL LADO CLARO QUE LE PRESENTA CADA DÍA LA VIDA
  • El poeta vegano Pastor de Moya se ha convertido en una leyenda en las letras dominicanas.
Manuel García Cartagena
Santo Domingo

Me propongo leer “La piara” de Pastor de Moya como quien lee un texto cualquiera, o lo que es a todas luces peor, que pretendo hacer creer que, con este libro, Pastor se ha despachado un invento sin precedentes en la historia de la poesía dominicana.

Pero ni fu ni fa, evidentemente, pues lo primero solo buscaría menoscabar la calidad del trabajo de Pastor, y lo segundo equivaldría a zambullirlo sin remedio en la misma pileta de ridiculeces a la que nos tiene acostumbrado tanto facilismo chupamedias, tantas hemerografías hemorroidales, tanta confabulación de feisbú y tanto triunfalismo de apaga y vámonos.

En lo que va de este infame siglo XXI, se han roto tantas veces los parámetros de la mediocridad que ya viene quedando demostrado que vivimos en una época perfectamente calificable de supurante golondrino histórico, ni carne, ni pescado, sino tumor o cochina excrecencia tan desmemoriada como una libra de tocineta. Así, solo aquellos que se hayan percatado de lo inútil y ridículo que resulta en nuestros días cualquier intento de elevación metafísica podrán comprender que a la humanidad de este siglo solo es posible cantarle en el mismo tono en que el cuchillo del carnicero le canta al cuello de la puerca que beneficia y, si es posible llegar a tanto como lo hizo Pastor, tratar de elevar lo que nos queda de esta humanidad con h deshilachada a la categoría de piara.

Es también en medio de ese escenario apocalíptico donde se levanta la redentora y tres veces santa Gillette, la definitiva. Sus filosos besos apuntan hacia un horizonte vital capaz de sacar metafísicas del más inmediato bofe político (cito a la misma gillette como testigo de descargo contra todos aquellos que consideren que este libro que me propongo leer aquí es igual a cualquier otro).

Pero he aquí que, en medio de ese complicado teorema de infatuaciones usurpadoras, hay un pastor que, callandito, insiste en erigirse como guía natural de aquella manada puercos, llamando a La piara por su nombre de pila y apartándose de cualquier intento de parecer “poético”, hasta lograr que entre este libro y lo que cualquier cabeza de tubérculo llamaría “la poesía” haya tanto en común como entre un gallo bataraz y un iPad.

Signos nacionales
En la poesía dominicana contemporánea, la producción de signos teratológicos casi no tiene tela que cortar. Con todo, no cabe duda de que es solamente a partir de la estética tremendista de los ochenta que tales signos se hacen posibles, e incluso necesarios, como exponentes textuales de un universo sociocultural vivido por los sujetos desde una perspectiva crítica.

Por un lado, muchos de nuestros poetas contemporáneos parecen haberse pasado los años 80 soñando con convertirse en Octavio Paz o en Borges, y por el otro lado, muchos de nuestros poetas de los años 90 parecen no haber aprendido todavía la diferencia entre un poema y una canción de Eminem, Three Six Maffia, Tego Calderón o cualquier otro delirante peudo-beatnik y post-Allen Ginsberg.

Conviene precisar, sin embargo, que la auténtica escritura teratológica nunca ha sido el eje de ninguna de las “tendencias” literarias históricas, aunque sí ha habido épocas, como el Barroco, el Romanticismo y la Decadencia, en las que, por alguna razón, se ha detonado entre artistas y escritores la propensión a construir figuras monstruosas capaces de esquematizar simbólicamente distintos aspectos de lo real-político.

Nuestros monstruos
En lo que concierne a nuestra literatura dominicana, el primer “monstruo” conocido es el del “Entremés” del canónigo Cristóbal de Llerena, una especie de esfinge especialmente diseñada por este autor para simbolizar el malestar en que vivía la colonia hacia el final del siglo XVI. No obstante, a pesar de esta precocidad, hay que convenir en que a este primer invento le siguió un enorme vacío. En efecto, es tan solo varios siglos después, hacia finales del XIX, cuando comienzan a aparecer las “ciguapas”, “bacás” y “galipotes” que sazonan lo más granado de nuestra literatura romántica y post-romántica. Es un hecho conocido que estos primeros intentos tampoco lograron convertirse en ejes de una producción imaginaria digna de consideración, como lo prueba el hecho de que, a lo largo del siglo XX, se pueden contar con los dedos de una mano los textos que trabajan figuras similares sin caer en la repetición.

Bestiario
Monstruo que se diría “primo lejano” del inventado en el “Entremés” de Llerena, la “puerca-macho” que se nombra en la “Primera caída” de La piara de Pastor de Moya es uno de los seres imaginarios más recientes del bestiario poético dominicano contemporáneo.

Criatura portadora de características sexuales tanto masculinas como femeninas, se trata de un ser emparentado con el ideal del perfect spiritual hermaphrodite de Algernon Charles Swinburne o con el eterno andrógino de William Blake, cuyas huellas es posible detectar en la obra de Isidore Ducasse Los cantos de Maldoror, a la que De Moya se ha referido varias veces en su obra poética y narrativa, ya sea de manera directa o por medio de alusiones.

 Este ideal andrógino es un ideologema que impregnó un amplio sector de la literatura europea del final del siglo XIX, particularmente durante la llamada “era victoriana” (la cual, como se sabe, coincidió con los inicios de la primera revolución industrial), cuyo estricto (e hipócrita) código de costumbres morales, particularmente represivo en todo lo concerniente a la vida sexual de los individuos, llegó a reemplazar el sentido de la palabra “educación” en buena parte de Europa. Fue, pues, contra el carácter perverso, gazmoño y represivo del código ético-moral victoriano que numerosos artistas europeos de la época se rebelaron por medio de una serie de propuestas en las que, como lo había enseñado Victor Hugo, lo estético establecía una serie de pactos estratégicos con lo político.

(+)
ATENCIÓN ESPECIAL

Algo poco común
En el estado actual de mis conocimientos, carezco de datos que me impidan afirmar que, en la literatura dominicana contemporánea, salvo las del bacá y la ciguapa, prácticamente no existen figuras a las que puedan ser relacionadas con un proyecto de asociar simbólicamente una economía de las pulsiones sexuales a un esquema político determinado. Esta es una de las razones por las que la puerca-macho de Pastor de Moya merece una atención especial.

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