Ventana 17 Diciembre 2011
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VIAJES
Israel: una mirada cultural
EL JUDÍO ES RELIGIOSO HASTA EN LA HORA DE COMPARTIR SUEÑOS Y ESPERANZAS. ES JOVIAL, HOSPITALARIO Y SIENTE ORGULLO DE SER ISRAELÍ
  • Jerusalén. Dentro de los muros de la Ciudad Santa conviven diversas etnias culturales y comunidades árabes.
Luis Beiro
Jerusalén, Israel

La identidad individual tampoco se esconde mientras los aviones aterrizan. Ante el alivio de tocar tierra, los humanos se hacen sentir tal y como son, de acuerdo al sitio donde viven. Los orientales respiran profundo, los franceses sonríen en silencio, los dominicanos aplauden y vociferan, y los judíos rezan.

Rezan y saben rezar. Oran por la paz, por el fin de los conflictos, por la mejilla ajena, y por la propia. El judío es religioso hasta en la hora de compartir sueños y esperanzas. Su día sagrado es el sábado. Desde el anochecer del viernes se decreta el toque de queda bíblico: comercios, lugares públicos, escuelas, universidades y oficinas cierran sus puertas hasta el anochecer del sábado, cuando vuelven a abrir como si antes nada hubiera existido. La fe religiosa es su toque de distinción.

Israel es el país de la sobriedad. Tanto en el vestir como en la coloración de autos, viviendas y edificios imperan los grises y negros combinados con cremas y otros tonos claros. Los iraelitas son elegantes y serviciales. Comen como príncipes. Hablan en hebreo e inglés por lo que el visitante no sentirá, por el dioma, la falta de comunicación. Viven orgullosos de su país.

Danza Contemporánea
La cultura israelí es amplia y participativa. A sus distintas manifestaciones se integra la mayoría de la juventud, que aspira a trascender un lenguaje de armonía en busqueda de la paz. Por eso se ha declarado Tel Aviv, para el 2012 como “la ciudad del arte”, en materia de teatro, museos y cine.

La danza contemporánea ocupa uno de los lugares cimeros. Para su práctica, funciones y desarrollo cuentan con el Suzanne Dellal Centre, un pequeña ciudad cultural construida en el mismo corazón de Tel Aviv y en la que confluyen compañías y artistas de los cinco continentes. Tres salas con funciones permanentes de domingo a jueves, dos salas de ensayo, cuatro aulas, boutique, restaurant, cafetería, y amplios jardines que funcionan como puntos de encuentro integran la mayoría de los espacios de este complejo. El Centro se financia con un treinta por ciento de fondos públicos y un setenta por ciento de autogestión.

Museos
Encabezados por esa obra mayor llamada Museo del Holocausto que, como tributo a los más de doce millones de judíos exterminados en la Segunda Guerra Mundial, Israel es el país de los grandes museos. En la ciudad de Jerusalén se alzan también el Museo de Arte que incluye, entre otros tesoros, piezas y objetos de la antiguedad, el Archivo Fílmico de Steven Spielberg donde se conserva el cine producido en el país, y el Muro de los Lamentos, donde se inició nuestra Era Cristiana. Todos ellos, al igual que el Museo Nacional de Arte de Tel Aviv, son joyas de la arquitectura moderna y contienen algunas de las piezas más representativas del arte y de la historia.

El cine
El séptimo arte ha alcanzado estatuillas en los cinco continentes, a pesar de que numéricamente, su producción anual no es elevada: “Cada año se producen entre 15 y 25 películas de todos los géneros y para todos los gustos y todas tienen garantizado un espacio en la salas de exhibición. Los iraelitas gustan más de las llamadas películas de autor, son aquí las más taquilleras, en detrimento de las comedias ligeras y el cine populista que dura muy pocos días en cartelera porque a nadie le interesa”, dice Pablo Utin, profesor universitario e historiador del cine israelí.

El país exhibe, además, un hermoso edificio donde funciona la Cinemateca de Israel, con tres salas de exhibición, donde se ofrece una programación diaria, así como ciclos de cine en coordinación con las embajadas. Además, mensualmente se publica la revista “Cinematheque magazine”, con artículos de fondo e investigaciones en materia de séptimo arte.

DESARROLLO SOSTENIDO Y SOSTENIBLE
En este pequeño país del Medio Oriente donde las tres cuartas partes de su territorio son desiertos, viven 7.5 millones de personas, cinco millones y medio son judíos y el resto inmigrantes árabes. Su agricultura ocupa uno de los primeros lugares del mundo a pesar de la gran cantidad de presupuesto que deben invertir en la compra de agua.

 Jerusalén es su capital y sede del poder político, donde conviven 700 mil personas y Tel Aviv su segunda ciudad, con medio millón de habitantes. Allí radica el centro del poder económico.  

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