El 26 de enero del próximo año 2013 conmemoraremos el bicentenario del aniversario del natalicio de nuestro Juan Pablo Duarte, padre de la patria.
Los 200 años que habrán de transcurrir han sido mayormente de reconocimiento y ofrenda por parte de las pasadas generaciones a la obra y pensamiento de este hombre ilustre, patriota y político serio que asumió el compromiso de liberar a los dominicanos del yugo extranjero y crear una nación que él definió de “libre e independiente de toda dominación, protectorado, intervención e influencia extranjera”.
Como bien recordara recientemente en una conversación de amigos, el escritor, político y poeta Tony Raful, columnista de este diario, Duarte fue pureza y abnegación insuperable; sin duda alguna, históricamente el más noble de nuestros políticos, ya que nunca fue capaz de poner sus intereses personales por encima del interés nacional. Su capacidad de sacrificio es insuperable, pues en la América Latina del siglo XIX, ni posteriormente, se recuerde ningún otro líder político ha sido capaz de sacrificar su patrimonio familiar para poner en marcha un proyecto de nación.
Por ello, este ser excepcional que nunca se lucró de su lucha patriótica y vivió en el peldaño superior de la dignidad humana, dejando a su muerte en el año 1876 una obra de soberanía inconclusa, debe ser reasumido en sus ideas, en discurso ético, con motivo de los 200 años de su nacimiento.
Honrar honra, es una sentencia que debemos justipreciar para rendirle el más grandioso tributo de reconocimiento a Duarte, por su lucha en forjar un país políticamente libre y económicamente independiente. De esa manera estaremos haciendo justicia a su memoria, al tenor de aquella frase célebre de su portentosa imaginación que dice: “Sed justos lo primero, si queréis ser felices. Ese es el primer deber del hombre; y ser unidos, y así apagaréis la tea de la discordia y venceréis a vuestros enemigos, y la patria será libre y salva .... ”
El 26 de enero del 2013 será una maravillosa oportunidad de regocijo, de solidaridad y adhesión con el patricio. 200 años de existencia es una ocasión singular para organizar un evento en grande, donde concurra la energía creadora de las autoridades dominicanas, a la cabeza del excelentísimo señor presidente de la República, doctor Leonel Fernández, quien es afín a la causa de Duarte.
Un comité organizador debe ser oficialmente erigido para materializar diversas actividades a lo largo y ancho del país, referentes todas al natalicio. Estamos hablando de autoridades del Ministerio de Cultura, Efemérides Patrias y de la Academia Dominicana de la Historia y el Instituto Duartiano, para que establezcan las ideas centrales en que se sustente la divulgación de toda la documentación y actividades que se determine realizar.
A ello habría que añadir el concurso fundamental para el éxito de las fuerzas vivas de la nación, los representantes de las iglesias, de las universidades y los clubes; así como los directores de medios de comunicación, bajo el compromiso de llevar a cabo un emprendimiento reivindicativo de la memoria y el pensamiento de nuestro Juan Pablo Duarte. El esfuerzo del Gobierno y los sectores patrióticos en la preparatoria de diversas actividades de apoyo al Bicentenario, garantiza la participación popular, el interés público y el éxito pleno de coloquios, conferencias, charlas y eventos masivos.
Las presentes autoridades deben comenzar temprano a organizar y ejecutar los actos de motivación en procura de que el bicentenario sirva para reactualizar a Duarte, de manera que en las nuevas generaciones haya un resurgimiento de respetabilidad y devoción por su figura histórica, de reverencia y seguimiento de su pensamiento. Hay que idear ahora un plan de ilustración cívica sobre el importante papel que desempeñó Duarte como forjador de nuestra nacionalidad, difundiendo obras de gran valor educativo como la “Biografía de Juan Pablo Duarte”, de la autoría del historiador Orlando Inoa y “El Cristo de la Libertad”, de Joaquín Balaguer, que ilustran con meridiana claridad el perfil de Duarte como político e intelectual carismático, como pensador cautivamente y visionario.
Duarte tiene una historia y es loable renovar el culto, para renovar el culto a ésta con una grandiosa y prolongada celebración, donde se ponga en alto el toque del Himno Nacional y el Himno de Duarte en horas especiales en las escuelas, en la radio y la TV.
Levantar a Duarte como bandera, es hacerle frente a la desmemorización social, al individualismo y la mentalidad consumista que han crecido aceleradamente. De ahí que el Gobierno debe dictar las providencias necesarias de darle la solemnidad requerida al bicentenario, resaltando junto a éste la cultura popular, los géneros musicales nos identifican como pueblo, tales son el merengue, la mangulina y el carabiné, y revivir las décimas de Juan Antonio Alix.