En la portada del Listín Diario correspondiente a la edición del día 29 de enero del año en curso se publicó la siguiente reseña: “BALAGUER: ¿Fue o no un informante del FBI?, información que amplía en la página 3A de la sección la República la jefa de redacción, la joven María Isabel Soldevila, en la que se hace eco de una información publicada en el Hoffington Post digital y en el Publisher’s Weekly que citan a su vez un libro de Tim Weiner que saldrá a la luz pública el próximo mes, en el que el referido periodista norteamericano alega que el siete veces presidente de la República y fundador y líder del Partido Reformista Social Cristiano fue “reclutado por el Buró Federal de Investigaciones”.
Debemos confesar que no nos sorprenden los continuos ataques al doctor Balaguer, en ocasiones irrisorios, pues forman parte de un muy bien financiado plan orquestado y dirigido por sectores de poder interesados en socavar su cada día más grande figura política, con la clara intención de tratar de reducir el cada día mayor ascendiente que tiene su nombre y su obra en el pueblo dominicano, ni tampoco nos causa extrañeza el despliegue y el relieve que alcanzan esos infundados señalamientos, pues ni siquiera adquieren la categoría de patraña. Pero, retomando el tema, sobre el referido señalamiento deseamos formular, por el momento, tres precisiones.
La primera consiste en definir qué quiere decir el término informante, y de acuerdo con el Diccionario de La Real Academia de la Lengua, informante es “el que informa”. Como han puesto en evidencia los cables revelados por WiKileak y el señor Assange, el mundo parece estar repleto de “informantes”, pues como muestran las publicaciones, los señalados al conversar “informan” a la persona que le pregunta, sea en un almuerzo, en una recepción o en una entrevista privada. Todos los que hemos tenido la oportunidad de ostentar posiciones de cierta importancia en el sector público y en el privado, así como en los partidos políticos, sabemos que hemos conversado en el ejercicio de nuestras funciones con representantes de servicios de inteligencia, de agencias y departamentos de gobiernos extranjeros, por lo que hemos sido y somos “informantes” para los mismos, al hacer el reporte rutinario correspondiente a sus superiores. En esa dirección, en el caso de la República Dominicana para muchos es una cuestión de estatus social y político ufanarse de que son consultados y por tanto “informantes” de “la embajada”, en franca alusión a los integrantes de la misión diplomática estadounidense en nuestro país. A veces nos preguntamos cómo se hacen los servicios de inteligencia y los departamentos de gobiernos extranjeros con tantos informantes espontáneos, y con tantas informaciones, a veces inexactas. Por igual nos inquieta como simple ciudadano qué dirán los extranjeros ante esa vocación de chivatos y soplones que exhibimos ante ellos, dejando al desnudo al hacerlo todas nuestras miserias morales. Esperemos que, por el bien de la dignidad nacional, se lo achaquen a una herencia nefasta más de la Era de Trujillo.
Es obvio que el estilo del informante se ha transformado en nuestros días, gracias a la actualización y proliferación de los medios electrónicos. Con anterioridad a estos se hacía por medios de informes o cartas privadas a los dignatarios de las potencias colonizadoras o a dirigentes políticos de nuestro entorno geográfico.
En lo que concierne al doctor Balaguer y su presencia en los Estados Unidos como exiliado político, sus actividades eran permanentemente vigiladas y sus conversaciones grabadas por el Buró Federal de Investigaciones, algo que sabemos muy bien sus familiares y amigos, por lo que no resultaría extraño que hubiesen tenido contactos con él y que los mismos fueran esporádicos, ya que en esos momentos no le auguraban ningún futuro político. Al iniciarse la contienda bélica de 1965 presumimos que pudo haber sido consultado por su experiencia de estado más que por sus posibilidades, pues ni siquiera en el país se encontraba, como se consultó al profesor Bosch y a cientos de “informantes” dominicanos.
Estamos seguros que en ese mismo orden Juan Bosch y José Francisco Peña Gómez fueron también “informantes” de la potencia imperial del continente, por solo mencionar nuestros más conspicuos líderes políticos. Aún resuenan en nuestros oídos las veces y la vehemencia con las que el fenecido líder del Partido Revolucionario Dominicano hacía galas de sus amistades con “los liberales de Washington”. Por otra parte, lo que resultaría verdaderamente interesante sería que se desclasificaran los documentos del Mossad, del MI5 y MI6, organizaciones de inteligencia de Israel y del Reino Unido, respectivamente, así como los de la KGB, para ver todos sus informantes nativos y conocer así también a aquellos que le sirvieron al mismo tiempo a dos amos en la República Dominicana. Sugerimos algo similar a lo que ha hecho Vitali Shentalisnki con los archivos literarios de la KGB.
Sobre el Buró Federal de Investigaciones, principal agencia de investigación del Departamento de Justicia de los Estados Unidos, encargado de proteger al gobierno norteamericano de crímenes contra los Estados Unidos, se conoce su celo por cumplir con ese encargo. Del FBI solo hemos escuchado en los últimos años detalles acerca de la enfermiza inclinación al chantaje vulgar, así como sobre el racismo, el anticomunismo, el antisemitismo y la relación homosexual que de manera oculta sostenía con Clyde Colson, director asociado y por tanto su subalterno, quien fuera su director por 48 años, J. Edgar Hoover, por cierto el mismo que estaba al frente de ella en los momentos a que alude el autor mencionado por el reportaje de la periodista Soldevila. Estas afirmaciones están debidamente documentadas en libros como el de William Percy y Warren Johansson, Outing: Shattering the Conspiracy of Silence, de 1994 y en cintas cinematográficas como Nixon, de Oliver Stone.
La segunda puntualización se refiere al tema de que “la invasión norteamericana fue coreografiada por el FBI y la misma instaló como presidente a Joaquín Balaguer”. El hecho cierto es que la intervención norteamericana de abril de 1965 se produjo, como dice Jerome Slater y afirman muchos otros autores, por “razones políticas, razones de Estado” que fueron las determinantes de las actuaciones de los Estados Unidos, sin que nada tuviese que ver con los resultados electorales de las elecciones de 1966 que, dicho sea de paso, ni siquiera se habían programado al momento de los hechos. Por lo tanto, no se puede alegar que “se prepararon para Balaguer”. Afirmar otra cosa sería faltarle a la verdad histórica para seguir propalando la falsa especie de que “Balaguer fue puesto por los americanos” y que sus detractores aún repiten como papagayos, cuando lo cierto fue que el pueblo dominicano lo eligió de manera abrumadora, por el sesgo político de sus adversarios.
La tercera y última puntualización se refiere a la especie de que el doctor Joaquín Balaguer fue siempre el favorito de los norteamericanos. Lo cierto es que, contrario a lo que se repite, el doctor Balaguer no fue nunca del agrado de la potencia imperial del continente, debido a su independencia de criterio y a su acendrado nacionalismo que no admitía injerencias extrañas de ninguna especie, y de esto hay pruebas sobradas, así como por sus actuaciones desde la primera magistratura del estado y desde la oposición, que siempre estuvieron orientadas a defender y proteger los mejores intereses nacionales.
Para ilustrar un poco esta afirmación, les invito a leer detenidamente el siguiente comentario del doctor Balaguer, publicado en la página 175 de Memorias de un Cortesano de la “Era de Trujillo”, edición de 1988: “El mensaje del Dr. Pack me reconcilió con el pueblo norteamericano: Ese gesto de hidalguía, proveniente de un gran espíritu dedicado por completo a la ciencia y ajeno a las mezquindades de la vida política, me recompensó con creces el trato vejatorio y de las persecuciones de que se me hizo objeto durante mi presencia forzada en Puerto Rico”. En esa misma dirección, nos permitimos reproducir también un comentario de John Bartlow Martin formulado en su obra El Destino Dominicano, edición Editora de Santo Domingo, 1975, página 673, donde reflexiona acerca de los acontecimientos acaecidos en el país: “A menudo me he preguntado qué habría sucedido si el Presidente (Kennedy) hubiese elegido otra alternativa ñapoyar al régimen Ramfis-Balaguer. Al fin y al cabo, terminamos con un golpe militar y con una ocupación de la infantería ñy, por desgracia, parece que ahora Balaguer es un candidato presidencial predominante”.