Baltasar, juez impar; juez incómodo; juez molestia; te están ajusticiando y ya es plena tu leyenda; mejor que nunca se sabrá de tu grandeza.
No importa; recuerda a Falcone, volado por el crimen; desintegrada la amada; sacrificados algunos de sus guardianes; hoy es más para la vida desde la muerte.
Tu castigo será acusación perpetua de quienes lo urdieran; y ya eres más para el honor de los pueblos; pese a la trama planetaria tu causa vencerá.
Indócil centinela del derecho; mantén tu altivez; lo que te obcecaba para ejemplarizar con tus decisiones está ahí; tu condena lo exhibirá; la justicia y la verdad emergerán de la ordalía hecha antorcha.
Juez impar, no desmayes; nada como tus acusaciones para medir los designios de la ignominia; no cabe duda, el odio se congregó para el asedio; vino al través de océanos y de lugares distantes; del norte y el sur procedieron los recelos de la persecución; y mira que ya era mucho lo que había en tu tierra inmemorial; la envidia desposada con el rencor; ese depredador de prestigios.
Primero, inhabilitarte en lo técnico y excluirte de la normatividad; cuestión previa era despojarte de la toga y la solemnidad del respeto merecido; luego, vendría el dicterio de la ideología, minero de fosas dolorosas; y finalmente, agredirte en lo ético poniendo de lado tu generosa vocación de docencia.
Fue tu atrevimiento mayor idear una forja académica para acentuar la resistencia a los crímenes de mayor calado; Garzonizar el ímpetu en otras latitudes fue la temeridad; desde su lóbrega lógica tu destrucción era inevitable; llegó el escarmiento sin importarle la ira del mundo, sediento de justicia; tu línea de horizonte era de principios y de leyes; la de ellos no era de luz como aquella; era de sombras.
Plan perfecto el de la maldad; sólo que las sentencias no serán las de ellos; estarán a cargo de la raza humana; la inicua condena te esgrimirá como prueba.
Juez impar; en tu voz quebrada se alzaba la hidalguía; ademán del honor que no cesa; el futuro está de tu parte, ensayando la última palabra.
Juez impar; heredero de los sueños de la justicia penal universal; no nos falles, hombre decente, hombre valiente; en tu causa se resumen dolores de muchos oprimidos, perseguidos, despreciados, destrozados y olvidados de la tierra.
El crimen en su etnia peor, la que deroga los Estados en sus espacios, de seguro no anduvo lejos; allá en la jauría que hace horizonte se oye su ladrido omnipresente.
Baltasar, Juez impar, tus virtudes son inalcanzables; tu valor moral es irrepetible; y no podrán poner sus bajezas al sol de tus fortalezas.
En verdad, el mundo sin miedo que describiste a tus hijos, está latente; le has llegado tú, ofendido y agraviado; y eres ya su trofeo, no para el temor, sino para la lucha.
Gracias, hombre recio; recordatorio inmenso de por dónde van los caminos; memoria insomne para explicar desventuras; gracias, juez impar, condenado absurdo de todas las ruindades.
No será la toga arrebatada la túnica única; para degradar la tuya pudrieron las suyas; y será la gratitud de la libertad tu investidura; y todos los caídos y golpeados serán tus defensores; ya oirás la elocuencia de sus silencios espectrales.
Te condecora, Juez de siempre, el mejor sentimiento de los pueblos; y no tienen manera de malograrlo; sembrador de esperanzas, los frutos de tus empeños estarán siempre por llegar; y será el día del gran anhelo de la justicia universal.
Las réplicas de aquel Nuremberg que intentaste están en la bitácora de los cambios reales del futuro; algo más que ideal o sueño; colosal ajuste de cuentas que amadriga el castigo de tantas injusticias de la tierra.