MEA CULPA.- El Mensaje de la Conferencia del Episcopado Dominicano correspondiente al 27 de Febrero del 2012, no debiera ser un documento de aliento, sino por el contrario, una especie mea culpa de la Iglesia Católica, pues lleva cincuenta años predicando en vano. ¿Cómo decirlo? Clamando en el desierto o arando en el mar. En ese largo período la historia registra diecisiete jornadas electorales, dieciocho con la del próximo 20 de mayo, y todavía se siente obligada a hacer las mismas recomendaciones, a pesar de las muchas reformas constitucionales y cambios en las reglas de juego. Lo mejor de todo es que durante ese tiempo los políticos se graduaron en cinismo e hicieron burla de los obispos. Como ahora. Cuando se les pregunta qué creen de los señalamientos y de sus nuevas orientaciones, responden con la mejor de sus sonrisas que están de acuerdo, sin siquiera haberse leído la pieza. Lo importante es no buscarse problemas, pues no aman la Iglesia, pero temen su poder. De manera que están dispuestos a cada año oír lo mismo y reaccionar igual...
LOS VAIVENES.- Los obispos tienen mejor memoria que los políticos y recuerdan, con fecha incluida, los muchos vaivenes de la República en su lucha por construir una democracia real y sólida en el ámbito de las elecciones. El apartado 14 recoge una síntesis insuperable. Dice: “Siete Reforma Constitucionales: 1962, 1963, 1965 ( Acta Institucional ), 1966, 1994, 2002 y 2010, han abordado los grandes temas políticos de reelección, no reelección y alternancia, así como, representación, doble vuelta y ballotage, elecciones separadas en los distintos niveles de elección, colegios electorales cerrados ñfinalmente, abiertos--; y, jurisdicción electoral especializada en lo administrativo y contencioso, vale decir, diferenciación entre Junta Central Electoral y el Tribunal Superior Electoral”. Esto es, que en cincuenta años el país, políticamente hablando, lo ha conocido todo. Y sin embargo, la situación de la democracia no es la mejor, y se hace necesario que desde fuera de los partidos se siga advirtiendo o corrigiendo. La política, contrario a la Iglesia, no fue edificada sobre piedra...
COMPLEMENTO.- La majestad de la Iglesia es moral. Razona y orienta, pero no impone. La majestad de la Junta Central Electoral es material. Su autoridad se ampara en una ley y tiene la encomienda de mantener un determinado orden en el ámbito de las elecciones. Ni que se hubieran puesto de acuerdo. La Conferencia del Episcopado Dominicano entregó su mensaje el miércoles 15, el mismo día que la JCE emitió su proclama dando inicio al período electoral. El documento responde a una tradición, el acto a un deber impuesto y a un compromiso de velar porque el proceso sea “ejemplar, limpio, justo y transparente”, como aprecia la Iglesia. Uno y otro se complementan. Sin embargo, se hacen evidentes las carencias. La autoridad de la Junta Central Electoral es escasa, y a pesar de lo poca, los partidos se resisten. No quieren someterse a sus requerimientos ni aprobar sus decisiones cuando estas buscan el propio bien de la colectividad. Ahí se tiene el caso actual del escaneo directo de las actas de elección. No se cree que el votante tenga suficiente discernimiento para acoger resultados parciales...
LAS LEYES.- Esa oposición manifiesta de los partidos, en particular los grandes, al escaneo directo de las actas de elección, es la mejor explicación de porqué no se profundiza el proceso político dominicano. La medida se decidiría administrativamente, sin necesidad de los partidos, ni de las cámaras legislativas. Dicen que no, de la misma manera que han dicho que no durante estos años a la necesaria ley de partidos o a la muy útil ley electoral. De seguro que los senadores y los diputados, con sus presidentes a la cabeza, habrán dicho que están de acuerdo con el Mensaje de los obispos, sin darse cuenta de que estos se refieren a esas legislaciones y demandan que haya un mejor estatuto partidario y electoral. Las quejas que se expresan de partido a partido, en especial cuando uno es de oposición y otro de gobierno, pudieron haberse superado hace mucho tiempo. Solo con la voluntad, la decisión y el buen deseo, la igualdad de condiciones no fuera un ideal que se persigue en cada consulta, sino una realidad establecida. El Mensaje de la Conferencia del Episcopado Dominicano es un buen recordatorio en ese sentido...