Todos los sondeos realizados después de aquel “pico” en las preferencias al que hemos calificado como “castigo coyuntural” al Gobierno y partido que lo sustenta, evidencian que Mejía ha venido cayendo en picada; ni siquiera suavemente como lo haría un planeador experimentado, y todo porque no ha podido definir su proyecto. Eslogan no es programa; y más un vacuo eslogan que a base de repetirlo hasta la saciedad, no puede convertirse en propuesta concreta. Parejo a esto se plantea “el cambio”, pero ello sólo implica sustituir “caras cansadas” por caras incompetentes.
Lo cierto es que si miramos su comportamiento errático extraemos que sus constantes declaraciones ofensivas son propias de un político que amenaza, que hace enemigos; incluso dentro de su propio partido; que hoy dice y promete algo, y luego calla, o que sataniza las opiniones orientadas a la reflexión, nos da una imagen que simboliza hasta qué punto la incongruencia le han conducido a este lugar crítico de su posicionamiento electoral.
La vaciedad de contenido no ha podido hacer pensar a sus estrategas que garantizaría la holgura del principio cuando “peleaba, quijotescamente hablando” con fantasmas, o aprovechando las horas bajas del Gobierno. Pero además, los dominicanos(as) que están maduros por la experiencia, en ningún momento dudan del estado de “suspenso” que genera una conducta tan desprovista de la prudencia, que inexorablemente es lo que condiciona el desenlace. Así se inicia la huída de simpatizantes coyunturales cuando constatan que se pierde fuerza, y lo revelan las encuestas de firma con nombres y propietarios conocidos, que aunque no señalan las causas sí nos señalan las consecuencias de los dislates cometidos: su hipoteca con el pasado cuando asume métodos trujillistas, o judicializar la política como si fuera juez; va y viene, y no hay cansancio para seguir en su conocida confusión y truena contra el Bagrícola para llevarlo a la ruina, y exponer a otras instituciones bancarias a los caprichos políticos. Pero más preocupante empero, resultan las cartas a organismos internacionales cuando descalificaba a éstos, o dar a conocer el contenido de una supuesta carta del presidente Fernández al FMI, es lógico entonces que se perciba un alejamiento de las simpatías de aquel votante, no importa que sea joven o maduro, que entiende que resulta contraproducente comprometer su voto con el anacronismo y el retroceso político y económico del país. Otro argumento válido para el descenso es su debilidad por el temor al fraude, vistos los delirios y mentiras de distracción general que han obligado a la JCE a demostrar su inocencia. Estrategia cínica y raquítica, porque pone ante la opinión pública, sin pudor alguno, que duda de sus propias estructuras.
Pero además se trata de acusaciones sin pruebas, que sólo buscan desviar la atención de la muy real verdad: su caída. Todo es pura mala fe: o hay pruebas para justificar el delito, o hay falsa acusación, que también es un delito.
Indudablemente que el giro político radical ha reflejado un profundo descontento incluso a lo interno de su partido, simplemente porque ven con profundo escepticismo las intenciones del candidato quien a su entender promueve una erosión profunda del modelo político a seguir, cuyos valores y principios son seriamente dañados por el personalismo suprainstitucional.