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Puntos de vista 5 Abril 2011
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La década latinoamericana
Julio Ortega Tous

“La década latinoamericana”. Así definen los segundos diez años del siglo XXI los economistas Alejandro Izquierdo y Ernesto Talvi los años comprendidos entre 2010 y 2020, en un estudio presentado en la última reunión de gobernadores del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que tuvo lugar en Calgary, Canadá. El Estudio de Izquierdo y Talvi, ambos directivos del CERES (Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social) con sede en Montevideo, Uruguay, se titula: “Una región, ¿dos velocidades? Desafíos del nuevo orden económico global para América Latina y El Caribe”.

El estudio presentado a los gobernadores del BID de los países miembros se basa en el siguiente paradigma: América Latina y El Caribe se divide en dos grupos o clusters, uno designado como el Grupo representado por el esquema de desarrollo de Brasil y otro por el Grupo representado por el esquema de desarrollo de México, que a juicio de los autores presentan marcadas diferencias. El primero, el modelo brasileño, tiene como características fundamentales las siguientes: países exportadores netos de materias primas; países que tienen una relativamente alta exposición al comercio en bienes y servicios con países emergentes; y tercero una baja dependencia de remesas de los países industrializados. Como dijimos este modelo está representando según los autores por Brasil, como el ejemplo paradigmático, y por todos los países de Sudamérica (Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia, Chile, Perú, Ecuador, Colombia y Venezuela) además de agregar también a Trinidad y Tobago.

El segundo modelo o paradigma de crecimiento y desarrollo es el que encabeza México y todos los países de América Central y el Caribe, claro está con la exclusión no mencionada de Cuba ñcomo sí fuera un “no-país”ñ y con la exclusión explícita de Haití por razones del proceso “sui-generis” de desarrollo del vecino Estado. El modelo, grupo o clúster mexicano se caracteriza, según los autores del extenso estudio, por mantener mucho más fuertes lazos comerciales, tanto en bienes como en servicios, con los “países industriales” (léase Estados Unidos de América en su aplastante mayoría); son países mayormente importadores netos de materias primas y “commoditees” y, finalmente, tener una alta dependencia de las remesas de los países industrializados.

Según Izquierdo y Talvi la división de estos dos grupos está validada por las proyecciones de crecimiento de 2010-2011 de ambos. El grupo Brasil tiene una mucho más alta proyección de crecimiento ñ4.4%ñ frente al Grupo México que tiene una proyección de crecimiento para el mismo período de 2.7%. Estos resultados son producto de los cambios observados en la nueva arquitectura económica internacional posterior a la crisis financiera global de 2008. Estos serían, a) la relocalización del crecimiento del producto y la demanda mundial de los países industrializados a los países emergentes que tienen una alta propensión a consumir “commodities” y se han convertido en el motor de la economía mundial; b) un sustancial cambio en el comercio de los países latinoamericanos y caribeños hacia los mercados emergentes; c) una relocalización del ahorro mundial hacia los mercados emergentes ñsiendo los latinoamericanos y caribeños unos de los principales beneficiariosñ proveyendo amplia disponibilidad a bajos precios de los capitales internacionales y el crédito, y d) una nueva arquitectura financiera internacional caracterizada por una serie de innovaciones que provén liquidez abundante y a tiempo en tiempos de crisis a los mercados emergentes.  

La precisión de estos conceptos y afirmaciones son discutibles. Es indudable que hay observaciones empíricas y cuantificadas que sostienen parte del entusiasmo de los autores de este estudio, y en particular frente al modelo llamado brasileño. Evidentemente que hay retos importantes y debilidades. Según los autores el clúster de países del modelo brasileño tienen que hacer buen uso de la bonanza externa con sanas políticas y manejos macroeconómicos y financieros, cuidándose del sobrecalentamiento, chequeando las vulnerabilidades implícitas que podrían poner este grupo en riesgo. Los países del clúster mexicano necesitarán enfrentar de manera exitosa los retos de la estabilidad macroeconómica, asegurando la sostenibilidad fiscal y financiamiento estable de los déficits de la cuenta corriente de la balanza de pagos típicos de estos países, reestructuración de sus aparatos productivos y la implementación de políticas comerciales innovadoras que fortalezcan las posibilidades de un crecimiento mas rápido.

Sin embargo, a pesar de las diferencias subregionales todos los países deben, según los autores, tomar ventaja de esta oportunidad para superar los cuellos de botella que desde tiempos retan el crecimiento y que son comunes a todos: elevar la cantidad y calidad de la educación, reducir la informalidad de las economías, e incrementar la productividad. En ausencia de estas acciones, el crecimiento no será sostenible y la región en su conjunto puede continuar dependiendo de los altibajos del contexto internacional.

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