Puntos de vista 20 Enero 2010, 10:29 PM
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DOMINICANEANDO
Teo Veras o el peso exacto del conocimiento
José Miguel Soto Jiménez

Cuatro libras, o algo más, es mucho peso para un gallo de lidia. Aunque sintetice el balance de un “machete de guerra”, o integre lo que se pueda cargar en cualquier “macuto”, para poder aguantar varias jornadas de trabajo en el “conuco”, o encaramarse en la loma para “empendejecer” mirando el horizonte. Cuatro libras y media de arroz sirven para un banquete. Si es de “espaguetis” hablamos de una “comelona” barrial.

De cuatro libras o cinco libras, nace cualquier muchacho de pueblo. Un paquete de cuatro libras es “tremendo paquete”. Si hablamos de carne, es mucha carne, y si hablamos de ron estamos hablando del peso de varias botellas, capaz de “ajumar” a diez en un velorio.

Ni a Balaguer ni a Bosch le gustaban los libros que no se podían parar por sí solos, y el poeta Domingo Moreno Jiménez, ante la “tacañería” de un tendero que le observó el tamaño de sus libros de poemas, le propuso vendérselo por libras o por docenas. Cuatro libras en un libro, es muchas “letras juntas” y esto significa mucha información, mucha investigación, mucha averiguación, mucha indagación, mucha paciencia y trabajo esforzado. “Malas noches”, pleitos con la esposa, gestión y diligencia.

Hablamos de años de trabajo y recursos gastados. Porque hacer una obra de esa magnitud en nuestro país es tarea titánica que cuenta con un importante grado de menosprecio, garantizado de antemano porque todo esfuerzo en ese sentido nace categorizado con el mote de “pendejada”. Porque somos el único pueblo del mundo, en que ser “teórico”, o “sabio” es insulto, que no pocas veces avergüenza, (propósito de los envidiosos). Porque lo correcto es impremeditación para “meter la pata” o tener la disculpa preestablecida de equivocarse. La excusa perfecta para volver a inventar “el agua tibia”.

Estamos hablando en un “sitio” donde ser intelectual, estudioso o artista es sinónimo de “pendejo”, y al que le dicen así y no pelea por decente reafirma la apreciación “estrafalaria”.El libro enciclopédico del prestigioso comunicador don Teo Veras sobre la historia de las telecomunicaciones en América y el país, es una obra sencillamente monumental, y no sólo por el peso de la misma, sino por el aporte que hace a los investigadores, estudiosos y público en general, sobre este tema y sus conexos, ya que con el se puede monitorear la vida histórica de la nación con atinados referentes internacionales que nos sirven de ubicación por comparación.

No se trata solo de mucha información, sino de muchos recuerdos. Se trata de nostalgia al recordar esas cosas radio-televisadas que son parte de lo que somos. Piezas del rompecabezas referencial de nuestra conciencia, tan unida al “inconsciente colectivo” “Jungoniano”. Texto obligado de los que estudian comunicación: bien concebido, bien escrito, documentado, cuidadosamente ilustrado.

El arduo trabajo de investigación que entraña compite con el cuidado de una edición que de por sí fue una tarea esmerada, coronada en un texto hermoso que, a pesar del asombro que causa su tamaño, atrae de forma fascinante, como esas montañas imponentes que se destacan en el horizonte.

El caudal de información que guarda esta obra está debidamente organizada para provecho no solo del lector profano, sino para el que lo utilice como herramienta de trabajo para otras investigaciones, y así las cosas no sólo están donde tienen que estar, sino que cuenta con los debidos “atajos” para llegar a ella de forma expedita.

Obra que siendo muy completa en su especificidad generará otros trabajos que partirán de estas páginas, como esos puertos de donde zarpan grandes expediciones. Pienso por ejemplo que alguien debe asumir, después de leer estas páginas propiciadoras, la historia de la comunicación política en República Dominicana, teniendo que usar a la obra de Teo como referencia obligada y mapa para descubrir otras informaciones.

El libro de Teo, con sus cuatro libras y media, es una obra que se para sola y es capaz de sostenerse en sí misma contra cualquier ventisca del egoísmo inútil.

Este libro podría ser también un arma para defenderse uno, no solo contra cualquier agresión física, sino de los zarpazos de la impremeditación, la ligereza, la ignorancia, la estupidez y la especulación.

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