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Puntos de vista 11 Septiembre 2009
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Cuando las novelas tantean el misterio
Marcio Veloz Maggiolo

No sé si la actual novela participa de una tendencia cada vez mayor a la búsqueda de un público que encuentra más que en la problemática de los temas,  o en la filosofía de los mismos, el misterio y el sabor hasta cierto punto policíaco.

Dos escritores excepcionales encabezan esta línea de literatura, que es la vez la que muestra best seller impresionantes, con ventas millonarias: el español Carlos Ruiz Zafón y el sueco Stieg Larsson, fallecido hace ya un tiempo. En el caso de Ruiz Zafón su novela titulada “La sombra del viento”, marca una tirada que ya supera los diez millones de ejemplares y la traducción a más de veinte lenguas, según  sus editores.

La obra de Larsson titulada “Los hombres que no amaban a las mujeres”, y las que le siguieron, sitúa su literatura en aquel lugar donde el misterio, lo mismo que en las publicaciones de Ruiz Zafón, es el punto clave de la narrativa. Pero este es misterio lleno de interesantes personajes y de espacios muy especiales. Ruiz Zafón, en dos de sus novelas, resucita una Barcelona que se mueve en los años veinte debido, en el caso de “La sombra del viento”, a que va hacia la búsqueda de un pasado que viene centrado a su vez en la necesidad de encontrar a un  escritor de pobre producción y extraña vida itinerante, convertido en necesidad casi agónica, para un personaje que ha encontrado gracias a su padre y en un depósito de libros único lugar donde se encuentran sus obras; esta especie de obsesiva figura desconocida retuerce la vida del principal personaje y la hace cada vez más agónica.

La Barcelona que va desde los años veinte hasta la época de Franco y aun después, aparece como el escenario de sus dos novelas más densas, la mencionada, y desde luego, “El juego del ángel”. “La Sombra del viento”, de Zafón, apunta hacia la búsqueda donde el misterioso escritor perdido se torna tal vez en un signo, un símbolo; la segunda, “El Juego del ángel”, se desarrolla en torno al escritor que nunca olvidará sus primeros pasos en la literatura.

Montadas con formas detectivescas en las cuales pueden percibirse las influencias de los clásicos de los dramas de misterio, Larsson y Ruiz Zafón han adivinado una especie de nueva vena del melodrama, ahora parte del placer de leer novelas que recorren situaciones diferentes de las que nos brindan los típicos autores de este tipo y de las secuencias que el lector necesita para perderse en universos dotados de la agonía que producen las esperas. Con menos densidad en sus descripciones y mundos parecidos, las novelas de Green podrían ser parte de la influencia de un autor como Larsson.

En “Los hombres que no amaban a las mujeres”, la desaparición de una chica de manera imprevista en un pueblo perdido donde una sola familia parece manejarlo todo, y la necesidad de una búsqueda familiar que explicaría las relaciones enojosas de un clan económico capaz de todo para mantener vigente su poder, se tornan en difícil situación cuando el periodista e investigador Mikael Blonkvist acepta del tío de la desaparecida Harriete Vanger el encargo de resolver el problema que desde hace treinta y seis años le agobia.

En estas producciones el elemento clave es el largo trayecto de la impactante lectura y de la maestría de los autores, así como de las conflictivas y misteriosas situaciones que hacen que el lector se sumerja casi sin darse cuenta pronto en un abismo de búsquedas en las que acompaña a los personajes y al propio autor. Se pregunta uno si las novelas personalistas, las que hablan de unas vidas locales o universales y están ligadas a las historias del escritor mismo, darán paso, visto el gusto del publico, a estas nuevas modalidades narrativas de largo aliento y de necesaria memoria reconstructiva, esfuerzo al que se ve sometido el lector, quien con pasos lentos, como en la penumbra, avanza para no chocar con los objetos que tachonan la noche y el sueño de los vivos.

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