Ver imágenes
Puntos de vista 2 Noviembre 2009
0 Comentarios
Tamaño texto
EL ROEDOR
Honduras y Ricardo Vega
Aristófanes Urbáez
elroedor2045@hotmail.com

“Costa Rica, El Salvador y Guatemala…mandaron hombres a combatir al filibustero William Walker, y lo hicieron con tanto coraje que lo echaron de Nicaragua (se declaró Presidente, a.u.)…la victoria se había logrado para 1857, y en ella no habían tomado parte los hondureños, pero tres años y medio después Walker murió en la horca que levantaron los hondureños en Trujillo”.
Juan Bosch

Quienes estén pensando que los golpistas hondureños (internos y externos) ya “arreglaron” su asunto con devolverle un mes a Manuel Zelaya la Presidencia y ¡san se acabó!, debo decirles desde esta ínsula que se han equivocado de medio a medio; y lo han hecho porque carecen de ‘criterio político’. Ni Honduras, ni Venezuela después de Hugo Chávez, volverán a ser lo mismo aunque corran ríos de sangre.

Mel Zelaya Rosales podría aceptar esta fórmula, pero aún así, dejando el mal llamado “liberalismo” hondureño, si se postulase por  cualquier partiducho, con cualquier sigla,  el pueblo hondureño lo seguiría y votaría por él, porque Zelaya despertó fuerzas que permanecieron dormidas en el alma nacional hondureña y que no volverán a dormirse jamás, y él es el símbolo, el líder de esas fuerzas, que lo seguirán adónde él señale, porque fue él el único que se atrevió a ejercer el derecho de soberanía en Honduras, fue él quien intentó aliviar la pobreza de una población compuesta por un 97% de amerindios; él fue que le dijo a los hondureños que eran libres desde el gobierno, y que podían asociarse con los pueblos  y países que quisieran; él representa la esperanza de cambio.

Y cuando los pueblos oprimidos encuentran un hombre decidido como Zelaya, aunque no tenga su mismo origen social, ipso facto se convierte en el líder que ese pueblo esperó por tanto tiempo.

¡Ahí no valen ni Micheletti, ni el general Romeo Vásquez Velásquez, ni los representantes de origen cubano como Ileana Ros y Díaz-Balart (hijo, el bergante, nada más que del ex ministro de Interior del dictador cubano Fulgencio Batista); no valen ni Negroponte, ni Otto Reich, ni los demás halcones tras el golpe; no valen ni la vacilación de Barack Obama, ni el “acuerdo” que parecen haber logrado Hillary Clinton y el subsecretario de Estado para Asuntos Hemisféricos, Thomas Shannon.

¡El show sigue!
No importa lo que piense el “agolpamiento” golpista que metió la pata en Honduras, habrá Manuel Zelaya Rosales para mucho tiempo. No importan las calumnias que surgieron y que seguirán. No estamos frente a un Manuel Noriega, ni a un Carlos Salinas de Gortari. Estamos frente a un líder que se atrevió a desafiar al “bloque gobernante” (clase dominante no hay en Honduras) encabezado por el ‘gorilismo’ y la burguesía parasitaria (sin importar que él viniera de su seno), y cada vez que la angustia y estrechez atenacen a los hondureños, su conciencia apuntará hacia Mel, el que tuvo el valor de desafiar a su clase para estrechar la mano del pueblo.

No vamos a discutir ahora si Zelaya sea populista o no. ¡Eso es lo de menos! Lo importante es el nacimiento de un líder, una figura, a tal extremo que Latinoamérica conoce a Micheletti y a Romeo porque dieron el golpe, pero ni los expertos en asuntos hondureños saben  quiénes son los demás, incluyendo a los  candidatos para las elecciones de noviembre (si es que se celebran).

Zelaya puede romper hoy mismo con el Partido Liberal (lo que de hecho, ya hizo) y formar tienda aparte y si el gobierno que lo sustituirá cumple el cuatrienio, en 2014 será el candidato a  derrotar en las elecciones, y mientras más chicanas constitucionales se inventen para impedir su regreso triunfar, más agigantarán  la figura del Frankenstein que los hundirá en el zafacón de la historia.

No hacemos de oráculo; sólo hacemos un ejercicio de psicología de masas con estos pueblos amerindios leyendo las páginas de su historia. Los imbéciles golpistas hondureños, como en el ‘Golem’, de Borges, han creado un Juan  Domingo Perón, un Anulfo Arias Madrid, un Haya de la Torre, un Velasco Ibarra, un Bosch, un Aristide. ¡Apunten, que es strike!

Ricardo Vega, regidor
Ricardo Vega era un jovencito cuando su hermano Marcelino Vega (Papolo), fue muerto por la metralla aleve junto al canillita Ciprián Valdez que trataba de acallar las protestas de los venduteros del Mercado Nuevo de la Duarte, en los días en que  Franco Badía anegó la Capital de basura, al extremo que don Antonio dio un decreto para que el mayor general EN, Héctor García Tejada, recogiera la basura. La falsía de esto no habla. Le teme a la memoria del pueblo. Marcelino cubría la fuente por La Noticia. Un día antes de su muerte almorzamos en mesas contiguas detrás del edificio Franco de la UASD. Perredeísta, me dijo entre risas que yo era un sectario.

Otro hermano corrió la misma suerte a manos de unos matones en Lucerna. A Ricardo lo conocí en “El Siglo”. Ya era peledeísta. Ricardo Vega, que hoy es una especie de brazo de la “Fundación Juan Bosch”, es un monumento a los buenos modales y  la decencia. Es un trabajador sin pretensiones, como todos los boschistas de verdad. Lo golpean y se muerde la lengua. Ve algunos rumbos torcidos y sinuosos y traga en seco, porque cree que sus ideas, sus convicciones, se impondrán tarde o temprano, en el PLD y en toda la sociedad. Cree que el futuro es de los buenos, de los decentes. Ha lanzado su candidatura a regidor en Santo Domingo Este.

Su trabajo comunitario está ahí, su ejemplo y su decencia están ahí, al igual que una militancia que honra al PLD. Hemos de esperar que el Comité Político no se reserve para negociar la regiduría a que aspira Ricardo Vega, porque las bases votarán por él. ¡No me cabe una sola duda!

www.aristofanesurbaez.com

Recomendar este articulo por:
COMENTARIOS 0
Este artículo no tiene comentarios
Se ha cerrado la discusión de este artículo por lo que no se puede comentar