“Costa Rica, El Salvador y Guatemala…mandaron hombres a combatir al
filibustero William Walker, y lo hicieron con tanto coraje que lo
echaron de Nicaragua (se declaró Presidente, a.u.)…la victoria se había
logrado para 1857, y en ella no habían tomado parte los hondureños,
pero tres años y medio después Walker murió en la horca que levantaron
los hondureños en Trujillo”.
–Juan Bosch–
Quienes estén pensando que los golpistas hondureños (internos y
externos) ya “arreglaron” su asunto con devolverle un mes a Manuel
Zelaya la Presidencia y ¡san se acabó!, debo decirles desde esta ínsula
que se han equivocado de medio a medio; y lo han hecho porque carecen
de ‘criterio político’. Ni Honduras, ni Venezuela después de Hugo
Chávez, volverán a ser lo mismo aunque corran ríos de sangre.
Mel
Zelaya Rosales podría aceptar esta fórmula, pero aún así, dejando el
mal llamado “liberalismo” hondureño, si se postulase por cualquier
partiducho, con cualquier sigla, el pueblo hondureño lo seguiría y
votaría por él, porque Zelaya despertó fuerzas que permanecieron
dormidas en el alma nacional hondureña y que no volverán a dormirse
jamás, y él es el símbolo, el líder de esas fuerzas, que lo seguirán
adónde él señale, porque fue él el único que se atrevió a ejercer el
derecho de soberanía en Honduras, fue él quien intentó aliviar la
pobreza de una población compuesta por un 97% de amerindios; él fue que
le dijo a los hondureños que eran libres desde el gobierno, y que
podían asociarse con los pueblos y países que quisieran; él representa
la esperanza de cambio.
Y cuando los pueblos oprimidos
encuentran un hombre decidido como Zelaya, aunque no tenga su mismo
origen social, ipso facto se convierte en el líder que ese pueblo
esperó por tanto tiempo.
¡Ahí no valen ni Micheletti, ni el
general Romeo Vásquez Velásquez, ni los representantes de origen cubano
como Ileana Ros y Díaz-Balart (hijo, el bergante, nada más que del ex
ministro de Interior del dictador cubano Fulgencio Batista); no valen
ni Negroponte, ni Otto Reich, ni los demás halcones tras el golpe; no
valen ni la vacilación de Barack Obama, ni el “acuerdo” que parecen
haber logrado Hillary Clinton y el subsecretario de Estado para Asuntos
Hemisféricos, Thomas Shannon.
¡El show sigue!
No importa lo que piense el “agolpamiento” golpista que metió la
pata en Honduras, habrá Manuel Zelaya Rosales para mucho tiempo. No
importan las calumnias que surgieron y que seguirán. No estamos frente
a un Manuel Noriega, ni a un Carlos Salinas de Gortari. Estamos frente
a un líder que se atrevió a desafiar al “bloque gobernante” (clase
dominante no hay en Honduras) encabezado por el ‘gorilismo’ y la
burguesía parasitaria (sin importar que él viniera de su seno), y cada
vez que la angustia y estrechez atenacen a los hondureños, su
conciencia apuntará hacia Mel, el que tuvo el valor de desafiar a su
clase para estrechar la mano del pueblo.
No vamos a discutir
ahora si Zelaya sea populista o no. ¡Eso es lo de menos! Lo importante
es el nacimiento de un líder, una figura, a tal extremo que
Latinoamérica conoce a Micheletti y a Romeo porque dieron el golpe,
pero ni los expertos en asuntos hondureños saben quiénes son los
demás, incluyendo a los candidatos para las elecciones de noviembre
(si es que se celebran).
Zelaya puede romper hoy mismo con el
Partido Liberal (lo que de hecho, ya hizo) y formar tienda aparte y si
el gobierno que lo sustituirá cumple el cuatrienio, en 2014 será el
candidato a derrotar en las elecciones, y mientras más chicanas
constitucionales se inventen para impedir su regreso triunfar, más
agigantarán la figura del Frankenstein que los hundirá en el zafacón
de la historia.
No hacemos de oráculo; sólo hacemos un
ejercicio de psicología de masas con estos pueblos amerindios leyendo
las páginas de su historia. Los imbéciles golpistas hondureños, como en
el ‘Golem’, de Borges, han creado un Juan Domingo Perón, un Anulfo
Arias Madrid, un Haya de la Torre, un Velasco Ibarra, un Bosch, un
Aristide. ¡Apunten, que es strike!
Ricardo Vega, regidor
Ricardo Vega era un jovencito cuando su hermano Marcelino Vega
(Papolo), fue muerto por la metralla aleve junto al canillita Ciprián
Valdez que trataba de acallar las protestas de los venduteros del
Mercado Nuevo de la Duarte, en los días en que Franco Badía anegó la
Capital de basura, al extremo que don Antonio dio un decreto para que
el mayor general EN, Héctor García Tejada, recogiera la basura. La
falsía de esto no habla. Le teme a la memoria del pueblo. Marcelino
cubría la fuente por La Noticia. Un día antes de su muerte almorzamos
en mesas contiguas detrás del edificio Franco de la UASD. Perredeísta,
me dijo entre risas que yo era un sectario.
Otro hermano corrió
la misma suerte a manos de unos matones en Lucerna. A Ricardo lo conocí
en “El Siglo”. Ya era peledeísta. Ricardo Vega, que hoy es una especie
de brazo de la “Fundación Juan Bosch”, es un monumento a los buenos
modales y la decencia. Es un trabajador sin pretensiones, como todos
los boschistas de verdad. Lo golpean y se muerde la lengua. Ve algunos
rumbos torcidos y sinuosos y traga en seco, porque cree que sus ideas,
sus convicciones, se impondrán tarde o temprano, en el PLD y en toda la
sociedad. Cree que el futuro es de los buenos, de los decentes. Ha
lanzado su candidatura a regidor en Santo Domingo Este.
Su
trabajo comunitario está ahí, su ejemplo y su decencia están ahí, al
igual que una militancia que honra al PLD. Hemos de esperar que el
Comité Político no se reserve para negociar la regiduría a que aspira
Ricardo Vega, porque las bases votarán por él. ¡No me cabe una sola
duda!
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