Puntos de vista 3 Noviembre 2008
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Más aulas que bancas
Mario Rivadulla

Compartiendo la prioridad noticiosa representada por los acontecimientos relacionados con la matanza de Paya que ha ido destapando todo un complejo entramado criminal que involucra a empresarios, civiles y altos oficiales de las Fuerzas Armadas, principalmente la Marina de Guerra y la agudización de la crisis eléctrica con diarios y prolongados apagones que trastornan tanto la vida familiar como todas las actividades productivas del país, se produce la por más que sospechada no menos asombrosa revelación de que contamos con muchas más bancas de apuestas que centros escolares.  Según la  educadora María Teresa Cabrera, la muy dinámica Presidenta de la Asociación Dominicana de Profesores, su número es seis veces mayor, cifra que también sostiene el secretario de Educación, Melanio Paredes.

La disparidad entre las bancas y las aulas fue puesta de manifiesto por el matutino LISTÍN DIARIO, en un reportaje al que otorgó categoría de noticia principal de portada.  La reacción provocada por esta primera entrega no restó impacto al siguiente trabajo periodístico, también desplegado con rango de cintillo dominante en la edición del siguiente día, señalando que en el país se juegan unos cien millones de pesos diariamente.  Algunos entendidos en el tema estiman que el margen de ganancia para quienes explotan este jugoso negocio, después de descontar gastos, premios y hasta algún que otro posible peaje, oscila entre el 50% y el 60%.  Esto es: que los promotores de este tipo de actividades se estarían embolsillando una verdadera millonada día por día.

Si tomamos como base esos cien millones de pesos diarios y anualizamos la cifra, nos daría nada más y nada menos que por sobre 36,000 millones de pesos cada 365 días.  Una cifra mayor que el presupuesto que recibe Educación y con la cual pudieran repararse y sustituirse las catorce mil aulas que según la Presidenta de la ADP están en condiciones físicas inaceptables para impartir docencia. Alcanzaría también para dotar de sistemas de agua potable al 60% de las aulas escolares que carecen de ella. Y de seguro, todavía sobraría un buen remanente para no solo ofrecer Desayuno Escolar en los planteles del sector público, sino también servir un almuerzo nutritivo dentro de un nuevo esquema, ahora mismo a nivel de plan piloto, de tanda única de ocho horas, seis de estudio y formación integral en un marco docente de calidad y dos dedicadas por el profesor a ofrecer tutorías a los alumnos con dificultades de aprendizaje y a interrelacionarse con los padres de sus estudiantes. Todo esto, naturalmente, es muy especulativo.  Pensar que podamos erradicar la práctica viciosa de los juegos de azar tan extendida en nuestro país donde se juega a todo y con todo, en particular  los sectores de más bajos ingresos, donde por una mezcla de angustia e ignorancia son muchos los que confían sus afanes de mejor vida a un número de la lotería o un golpe de suerte en cualquiera de las numerosas formas que se han inventado para esquilmar los bolsillos ajenos, terminan por empobrecerse más aun, cuando no a endeudarse peligrosamente con el prestamista de barrio siempre a la caza del infortunio ajeno para “ayudar” con abusivos intereses de usura.

Filosofía aparte y volviendo al tema. Mientras tengamos en el país más bancas de apuestas que aulas y se gasten mayores sumas en los juegos de azar que la inversión que se haga en educación, ni por asomo pensar que podemos dejar de ser un país subdesarrollado, estancado en la marginalidad, con media población mal comida y sumida en la pobreza y la ignorancia.

Vale repetir hasta el cansancio que sin educación no es posible alcanzar progreso sustentable ni promover el bienestar de la gente.  Y en este sentido, lamentablemente, nuestros niveles de atraso son tan penosos como vergonzosos. No es por gusto que cuando se hacen mediciones internacionales en la región sobre la calidad de la enseñanza, nuestro sistema educativo ocupa la posición más baja. Aun sin necesidad de salir de nuestras fronteras, los testimonios y evidencias de ese atraso están a los oídos y la vista de todos.

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