Puntos de vista 4 Junio 2007, 11:19 PM
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El mensaje de José María Figueres
Mario Rivadulla

Históricamente y con sobrados motivos, el nombre de José Figueres se conjuga como sinónimo de democracia en América.  Figueres no sólo logró preservar la de su país, Costa Rica, amenazada por una intentona golpista que pudo frustrar gracias a su decisión y coraje, sino que también fue un declarado adversario de los más oprobiosos regímenes de fuerza que haya conocido nuestra tan a menudo turbulenta región caribeña y que coincidieron en su misma época.    

Las feroces dictaduras de Trujillo, en nuestro país; Marcos Pérez Jiménez, en Venezuela, y Somoza, en Nicaragua, por citar solo los casos geográficamente más cercanos, encontraron siempre en Figueres un declarado y tenaz opositor, que dio amplia acogida a sus respectivos perseguidos políticos, y en no pocos casos les brindó generosa ayuda en sus empeños revolucionarios por derrocar las mismas.

Los dominicanos que debieron y pudieron exiliarse en aquella época pueden dar testimonio de ello.  No pocos encontraron refugio, aliento y apoyo efectivo en “don Pepe”.  Algunos, incluso, como nuestro fenecido general Miguel Ángel Ramírez, lucharon a su lado la causa del pequeño país tica que, con sobrada razón,  se ha exhibido a partir del momento en que Figueres inauguró la llamada Segunda República, de la que fue tres veces Presidente por elección popular,  como un singular ejemplo de bien afirmada y funcional democracia y constante espíritu de progreso.  

Ahora, ha estado entre nosotros un hijo de don “Pepe”:  José María Figueres Olsen.  Al igual que su notable progenitor, él también llegó a la Primera Magistratura costarricense por medio del sufragio popular.  Lo fue durante cuatro años, en que dejó huella de su paso al adoptar toda una serie de diversas medidas que transformaron su economía e insertaron al país en el marco de los grandes cambios que se han registrado y continúan ocurriendo en el mundo.

Este Figueres, descendiente de padre legendario, pero poseedor de valores propios, puso especial énfasis durante su mandato en la preservación de los recursos naturales de Costa Rica.  Pero su preocupación, en este sentido, ha sido una constante luego de finalizar su mandato presidencial,  más allá de las fronteras de su país.  

Su figura viene a ser una especie de réplica en nuestra región y lengua de los esfuerzos que ha venido desplegando en este sentido el ex vicepresidente norteamericano Al Gore, quien trata de estremecer la conciencia del mundo sobre los peligros del calentamiento global con una convincente filmografía que mereció un Oscar especial por parte de Hollywood.

Figueres se ha convertido en un válido y apasionado vocero internacional de la causa ambientalista, que asume y proclama como reto y responsabilidad de gobiernos y sociedades.   Vino y nos visitó para proclamar el mensaje de que es portador y portavoz.  Vale la pena escuchar ese mensaje.  Es inteligente y saludable reflexionar sobre su contenido.  Será sabio acogerlo y llevar a vías de hecho sus previsoras orientaciones.

Precisamente en estos días han menudeado las denuncias públicas sobre depredación de nuestros recursos forestales en distintos sitios del país. También se ha revivido el drama de nuestras cada vez más limitadas fuentes acuíferas y contaminados y desaparecidos ríos y riachuelos.  Quizás en algunos, como sostiene el secretario de Medio Ambiente y Recursos Naturales, se trate de cortes autorizados en fincas de explotación maderable,  y en otros,  de obligada ralea para garantizar la integridad del bosque.  Pero en el resto, se trata de puro, simple y tradicional despojo no pocos de los cuales tienen como autores, asociados, cómplices o arropadores a figuras influyentes civiles, políticas y uniformadas, incluido personal de la propia dependencia que gerencia Max Puig.

Más preocupantes todavía,  las denuncias del propio funcionario de que se estarían motorizando intentos legislativos de reducir de manera significativa nuestra reserva natural de áreas protegidas para fines particulares, sustrayéndole sustanciosas porciones de valiosos terrenos.

Todo esto le concede una mayor importancia a la presencia y las palabras advertidoras de José María Figueres, volcadas en sendas conferencias ofrecidas en el Aula Magna de la UASD y en Funglode, así como a través de diversos medios de comunicación.

Esperemos que su visita no haya sido gestión perdida y su mensaje caído en oídos sordos.

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