A cada día le basta con su propio afán. Eso dice el adagio. Dejarnos llevar por la ansiedad de un futuro incierto, por la angustia del “nosé- qué-va-a-pasar” o del “yano- me-está-alcanzando” es la mejor manera de ahogar ese instante de felicidad que tenemos derecho a rescatar del mar de la incertidumbre.
Necesitamos hacer un trato con la poesía; mejor aún, pidámosle un contrato a tiempo indefinido que nos permita disfrutar de ese maravilloso tesoro de nuestro idioma.
La poesía es un arma de luz y con ella podemos afrontar el rigor e incluso, a veces, la crueldad de la existencia humana. Cada minuto que invertimos leyendo un fragmento de un poema seleccionado al azar o de alguno de nuestros escritores favoritos servirá para reconfortarnos en nuestra propia razón de ser.
Hoy vamos a hacer un trato con la poesía, en esta ocasión con un conocido fragmento de Mario Benedetti, para saciar nuestra inefable sed de dicha y para reconciliarnos amorosamente con el misterio de la vida.
Si alguna vez advierte que la miro a los ojos y una veta de amor reconoce en los míos no alerte sus fusiles ni piense qué delirio a pesar de la veta o tal vez porque existe usted puede contar conmigo.
Si otras veces me encuentra huraño sin motivo no piense qué flojera, igual puede contar conmigo.
Pero hagamos un trato yo quisiera contar con usted; es tan lindo saber que usted existe…