Miércoles 19 de Junio, 2013 Santo Domingo
Entretenimiento
Los ídolos de hoy son de barro

Son muchos los fanáticos que se han desilusionado al ver a sus “ídolos” como protagonistas de problemas. La violencia de toda índole, incluyendo la de género, debe parar sin importantar quién sea el agresor, su clase social o fama.

Un triste caso. Estando en Miami me tomé un descando y decidí encender el televisor.

Me encontré con un programa que transmite una de las cadenas más grandes de televisión.

Aunque no suelo verlo, me detuve porque el caso que estaban tratando presentaba como protagonista a una familia dominicana. La historia fue desgarradora. Era una joven madre que había quedado sola sin compañero, pero con dos hijos.

Tratando de buscar una mejor vida para sus hijos se volvió a casar, pero esta vez la situación empeoró. La única mejoría que vieron fue que la nueva pareja se los llevó a los Estados Unidos, donde ella quedó embarazada de su tercera hija. Mientras eso sucedía, los dos hijos de su antigua pareja vivieron situaciones muy difíciles. Maltrato y abuso por doquier. En definitiva, la madre aguantó por sus hijos todo tipo de abuso, verbal y físico.

El abuso se extendió hasta sus dos hijos más grandes.

Producto de esta situación, su hija de 16 años se convirtió en alcohólica. El mayor de los hermanos acusaba a la madre de no querer parar ese círculo de maltrato en el que los sumió a todos. Ella lloraba desconsolada.

Un triste caso que me chocó mucho.

Sin lugar a dudas, se hace urgente que todos, unidos, ayudemos a frenar la ola de violencia que se vive en el país, sobre todo la denominada violencia de género, que provoca tantos feminicidios.

La situación nos ha sorprendido a todos los dominicanos.

Hoy día no solo los hombres del pueblo llano son agresores, sino que hasta famosos y artistas se han unido a esta lista negra que no debe existir y que, por el contrario cada día se extiende más.

Omega, El Sujeto y Don Miguelo se han convertido en foco de atención por casos distintos. Ellos, que son ídolos, para muchos fanáticos que escuchan su música y hasta tratan de imitarlos, se han convertido en “ídolos de barro”, que de no recapacitar a tiempo, pudieran derretirse para siempre.