Viernes 24 de Mayo, 2013 Santo Domingo
Puntos de vista
La lucha equivocada de Florinda Soriano

Hasta donde tenemos conocimiento los Soriano han sido desde tiempos remotos unos negros descendientes de esclavos oriundos del pueblito enclavado en la antigua Sabana de Los Muertos que luego devino con el nombre de Santa Cruz de Villa Mella perteneciente al extrarradio de una capital que en los lejanos años de la colonia y casi hasta principios del siglo XX se mantuvo tan alejada que sus habitantes pudieron articular en la soledad de aquellos andurriales un habla particular tal y como si la misma fuese un rezago de las formas dialectales ancestrales.

Pororó fue denominada el habla dialectal de aquellos hombres y mujeres que desde el borde de sus limitaciones expresivas se dieron a llamar porvo amargo y porvo duce tanto al café como a la azúcar parda. Como una de las tantas frustrantes particularidades que fueron asumidas por estos seres que permanecieron detenidos en el tiempo al margen de la realidad, llevando carbón, carne salada y a medio procesar, pescados y todo género de aves en los cayucos que navegaban aguas abajo del Ozama para remontarlo con breves atados de sal, paquetes de ropa vieja y estampitas de la virgen permaneciendo anclados en la memoria de la sangre.

Todo hubo de ocurrir entre tantas soledades y mansedumbres que ni se desesperaron al observar a los pueblistas que llegaban desde la capital para apropiarse de las tierras comuneras que les pertenecían desde antaño por haber sido dejados al margen del proceso de apropiación de las tierras labrantías del país, por cuanto era harto conocido que la estructura geológica de Villa Mella no favorecía la explotación de las mismas.

Tierra ríspida y seca de la cual Trujillo y sus adláteres hubieron de apropiarse para la cría de ganado equino en un enorme complejo que fue llamado Haras Radhamés. Pero ocurre que luego de la muerte del Perínclito los turiferarios del Consejo de Estado y el propio Joaquín Balaguer regalaron entre políticos, generales y vagos (que es casi lo mismo) lo que quedaba de aquellos potreros dejando a sus antiguos dueños (a los originales) arrojados al borde de sus tierras.

Lo que propició que unos años más tarde se corporizara la tragedia a partir de la lucha por el derecho a una justa restitución de los terrenos que eran reclamados por los campesinos liderados por Florinda Soriano, la triste Mamá Tingó de nuestra historia. Y yo les pregunto a la luz del rechazo a la imagen de aquella altiva mujer por parte de los supuestos agraviados ¿Quién es más malo, el que muere reclamando lo suyo o el que mata para robarse lo ajeno? Pero los ladrones y depredadores de las tierras de Villa Mella, nunca podrán pagarles a esos hombres ni con la sangre de sus venas ni con la paz de sus sueños.