Lunes 20 de Mayo, 2013 Santo Domingo
Entretenimiento
‘Shame’

“Shame” no es una película cualquiera, no es ni siquiera un film con “escenas fuertes”. Es todo eso y mucho, mucho más.

Porque esta obra del inglés Steve McQueen ofrece, en sus 101 minutos de proyección, a través de sus personajes centrales, Brandon Sullivan y su hermana Sissy, un agudo estudio sobre la soledad, en ambos, y sobre la aberrada sicología del primero.

La historia se centra sobre Brandon, quien trabaja con éxito en una empresa, es un “yuppie” más en la intrincada selva de negocios de la ciudad de acero y cemento, es un hombre de algo más de 30 años que no puede vivir sin pensar en el sexo, pero que, cuando en un momento determinado se dispone a hacerlo con una compañera de trabajo no puede llevarlo a cabo, porque, definitivamente, lo suyo es el sexo aberrado, el onanismo desenfrenado cuando no puede refocilarse con alguna o algunas mujeres de manera sucia, o tener una relación vía Internet, o sumergirse en las revistas pornográficas que guarda por docenas.

Brandon es la viva imagen de la soledad para la más cruda y estulta aberración. Por esa razón, cuando aparece de buenas a primeras su hermana menor, cuando esa Sissy casi le suplica ayuda porque busca desesperadamente su compañía, la compañía de alguien, quien fuera el que en el momento pudiera aparecer, muy a pesar de que, por su reacción comprendemos que la quiere, aun así la abandona a su suerte.

Y es la consecuencia de ese abandono lo que desata el drama, el intenso sufrimiento de Brandon cuando comprende lo que ha hecho.

Steve McQueen, director inglés joven, hasta el momento creador de un único film aparte del presente, el muy celebrado “Hunger”, del 2008, no es individuo que haga concesiones. Las imágenes de “Shame” son casi tan crudas como podrían ser las reales de un caso psiquiátrico como el narrado. Pero no se trata de que estemos celebrando la película por su descarnado contenido, sino porque, a través de su enfoque narra con inusitada fuerza y acendrado dramatismo una historia que es más que interesante. Y el juego de la fotografía que le proporciona Sean Bobbitt, unido a la apretada, muy acertada edición, convierte este relato en imágenes en un morboso pero estupendo retablo que disecciona con agudeza esas vidas de seres que viven y sufren su soledad en el centro de millones de conciudadanos.

Agregue usted a esas sensibles imágenes la formidable banda sonora que ensambla la música moderna con Bach (un aberrado aficionado al gran maestro es algo más que singular) con la continua rispidez del conjunto, y tendrán un cuadro cinematográfico impresionante que se completa, como tenía que ser, con una magistral interpretación de ese actor alemán (que hace de irlandés en N.Y.) Michael Fassbender, y una menor (por el tiempo en escena, no por su fuerza y calidad) de esa chica que ha probado ser tremenda actriz en cosa de muy pocos años: Carey Mulligan.

“Shame”, sencillamente formidable, pero, aclaramos, no para gustos en exceso, digamos, delicados.