Los cinco acusados de los atentados del 11-S, entre ellos el supuesto cerebro de los ataques de 2001, Jalid Sheij Mohamed, eludieron responder a las preguntas del juez en una comisión militar llena de interrupciones y detalles por discutir.
Uno por uno, comenzando por Sheij Mohamed, los reos se negaron a contestar a las preguntas del juez militar James Pohl, al que ignoraron de manera desafiante en una vista que dedicaron durante la mañana a leer el Corán, revistas o rezar dentro de la sala, en ocasiones de pie y haciendo inclinaciones.
La audiencia, que tras 9 horas no había llegado a la lectura de cargos, chocó con discusiones sobre detalles que pusieron en evidencia las lagunas de las comisiones.
Finalmente, ya de noche, la acusación leyó los delitos que se les imputan: conspiración, ataque a civiles y objetivos civiles, causar daños a personas, violación de la ley de la guerra, destrucción de propiedad, secuestro de aviones y terrorismo.
Todos los acusados eludieron declararse inocentes o culpables por el momento.
Durante la vista, la defensa protestó por la traducción, que pasó de simultánea por auriculares a consecutiva por altavoces, con las consecuentes dificultades para agilizar el proceso.