El ejército sirio bombardeó sin descanso ayer miércoles la ciudad rebelde de Homs (centro) dejando unos 50 muertos según los militantes y a pesar del compromiso del presidente Bashar al Asad ante su aliado ruso de cesar el derramamiento de sangre.
Diecinueve personas, incluidas mujeres y niños, murieron en otras partes de Siria, como en Zabadani cerca de Damasco y en Rastan (centro), en donde las tropas regulares lanzaron operaciones para doblegar los focos de protesta, según el opositor Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH, con sede en Gran Bretaña).
Cohetes y obuses
Por quinto día consecutivo el ejército bombardeó con cohetes y obuses de mortero la ciudad de Homs, “capital de la revolución”, en donde las comunicaciones y la electricidad fueron cortadas, las infraestructuras destruidas y los alimentos comienzan a escasear, dijeron militantes.
Pero el poder, que se rehúsa a reconocer el movimiento de protesta comenzado en marzo de 2011, afirmó que sus fuerzas perseguían en Homs a “grupos terroristas”, a los que acusa de ser los responsables de la violencia contra los civiles. Este aumento de la violencia se produce en medio de un bloqueo diplomático.