“Presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo”.
Como una norma de conducta aceptable siempre presumimos de carismas excepcionales. A nadie le gusta que le saquen a relucir sus flaquezas.
Considera la mayoría de la gente, que reconocer las faltas es una muestra debilidad. Sin embargo, en la lógica cristiana es diferente y contradictoria.
¿Cómo puede alguien humillarse presumiendo? Sencillamente se logra, jactándose de las flaquezas y angustias para que habite la fuerza de Cristo.
Entonces, siendo débil es cuando soy fuerte.