Katy se despertó con los gritos de unos niños que habían presenciado cómo su padre le había quitado la vida a su madre. La situación la entristeció. Se unió a su llanto al igual que otros vecinos que sólo se sorprendieron por los protagonistas, no por el hecho.
La razón para su actitud es sencilla: los tantos hechos que suceden a diario en el país están llevando a la ciudadanía a perder la capacidad de asombro. Katy quiso escapar aunque sea por un momento de este panorama. No puede entender cómo es que se han ido multiplicando los hechos de violenia en el país sin que las autoridades ni la propia población hagan algo para erradicar o al menos disminuir los hechos horrendos que tiñen de rojo muchos hogares dominicanos.
Apenada se trasladó a una ciudad fabulosa donde impera la seguridad, la fomentación de los valores y sobre todo, la paz. La comunidad no conoce lo que es una familiar disfuncional. Desde que una pareja decide unirse en matrimonio, lo hace convencida de que la unión es para siempre. Pero claro, cuando las cosas no marchan como creían, pueden optar por el divorcio.
No hay un sólo caso de infidelidad por parte de ninguno de los dos y mucho menos, se recurre a la violencia para curar los enturtos que se dan en toda pareja. Por esa razón la capacidad de asombro de la población es tan alarmanete cuando se conoce aunque sea el caso de alguien le haya levantado la voz a su pareja.
La capacidad de asombro Para comunicarse con la autora En esa ciudad donde ahora vive Katy no hay registro de femenicidios. Es más, el término no se conoce. Allí lo que se practica en todos los estratos sociales es la comunicación, la tolerancia y lo que es aún más importante, el respeto y el amor al prójimo. Tanto la mujer como el hombre están constantemente comprometidos con la armonía dentro del hogar, y junto a sus hijos, tienen que velar por la paz social. Que hay pequeñas discusiones dentro del hogar, claro que las hay. Todos los seres humanos somos diferentes.
En la ciudad donde se mudó Katy estas diferencias se utilizan para fortalecer las relaciones. Nunca para acabar con la existencia de nadie. Tan distinto en nuestra República Dominicana, donde cada vez son más horrendos los crímenes y aunque duela, menos dolorosos. Sencillo: la población ha perdido la capacidad de asombro. Algunos sólo se limitan a decir: “otro caso más”, ¿“y es que los hombres van a acabar con las mujeres”?, “ya ni los hijos se salvan”, “ay ombe tan buena persona que era”... En fin los comentarios evidencian que la gente siente lo que sucede, pero no se asombra con lo acontecido. No es indolencia, no es falta de sensibilidad o la pérdida de otros valores, es que son tantos los episodios de dolor que suceden a diario en nuestro país, que la población ha dejado de lado la consternación y en sustitución lo que hace es preguntarse ¿hasta dónde iremos a llegar si la violencia sigue protagonizando nuestro existir? No es que Katy quiera volver a asombrarse porque ello implicaría un hecho lamentable, pero sí quiere encontrarse extraño que en República Dominicana suceda un hecho de sangre producto de la violencia. Todos podemos poner de nuestra parte, apelando al Todopoderoso. De lo contrario aferrémonos a una fábula.