Martha Sastrías, autora del libro “Caminos a la lectura”, de la editorial Pax México (1997), define la lectura como “un acto de sintonía entre el mensaje cifrado de signos y el mundo interior del ser humano”.
Esta contempla dos aspectos: uno que se encarga del conocimiento y otro que responde a la necesidad de interacción con el mundo.
La escritora indica que las aulas constituyen un espacio primario donde este proceso debe ser promovido con fuerza.
Papeles En un medio donde la información fluye rápidamente y en cantidades colosales, ¿qué asegura un manejo responsable? “La guía de un maestro”, indica Andrea Soriano Acosta, maestra de Lengua Española de la Escuela Santa Teresa de Jesús.
Además de ocuparse de la calidad de los libros, el profesor es quien estimula, orienta y promueve esta actividad, explica.
Los métodos de enseñanza que reservan una dinámica a la lectura no sólo construyen puentes entre lectores y objetivos, sino que enriquecen el aprendizaje para ambos actores de la educación.
Estrategias La lectura tiene maneras de prolongarse en la formación estudiantil.
Sastrías manifiesta que, según el nivel, puede constituir un ejercicio sensorial; un sistema para la decodificación de signos o un proceso para acceder a la experiencia y conocimientos humanos.
El primero es propio de los niveles básicos, que persiguen familiarizar con el lenguaje; el segundo predomina en los grados en que se practican o perfeccionan la expresión y el tercero se encarga de especializar según el interés del lector, explica Juana Pinzás, en su libro “Metacognición y lectura”, del Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica de Perú (2003).
“Una lectura adecuada ayuda a que los estudiantes pasen de una etapa a otra”, expresa Sastrías. Además, sostiene que, al seguir este camino ascendente, los mismos se mantienen motivados y lejos de abandonar sus metas académicas.
Un círculo de lectura, familiares que apoyen o velen por el proceso en casa, son elementos importantes.