“Tu dices: Soy rico, tengo todo lo que quiero, no necesito nada! Sin embargo, no te das cuenta que eres un infeliz y un miserable. Eres pobre, ciego y estás desnudo” Apocalipsis 3:17 Hay personas tan pobres, que lo único que tienen en la vida es dinero.
La verdadera riqueza viene de Dios y no añade tristeza con ella. En este mundo postmodernista, capitalista y de sociedades consumistas, las personas viven persiguiendo el concepto “felicidad”. Ésta evoca imágenes de regalos en Navidad, jeepetas, fiestas de cumpleaños y vacaciones.
También gastamos dinero y coleccionamos elementos. Pero si la felicidad depende de nuestras circunstancias, ¿qué sucede cuando no hay fiestas de cumpleaños, los juguetes se envejecen, los seres queridos mueren y la salud se deteriora? Generalmente la felicidad se va, y llega la ansiedad.
En contraste con la felicidad se levanta el gozo, que es quietud, es paz, es correr con profundidad y firmeza. Es la seguridad en el amor de Dios en nuestras vidas, sabiendo que Él está allí sin condiciones ni medidas.
La felicidad depende de los acontecimientos, pero el gozo depende de Cristo. En este preámbulo de elecciones presidenciales, miles de personas se afanan y dependen del activismo político.
Centran su felicidad en expectativas de que su partido ganará; que tristeza me da. De nada les sirve, ni a los candidatos ni a los militantes, ufanarse, jactarse, pelearse y matarse, por algo que no garantiza ni felicidad, ni seguridad.
Como dice en Apocalipsis, muchos dirán: ‘soy rico, no necesito nada’. Pero Dios que conoce nuestro interior, nos dejó estas palabras que traspasan el corazón: “infeliz, miserable, pobre, ciego y desnudo”.
Es duro escuchar enunciados así, pero al altivo Dios le habla así. Al que tenga oídos para oír, que oiga.