La Vida 10 Febrero 2012
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PASIONES SECRETAS DE GRANDES PERSONAJES
Vincent van Gogh buscó en vano a una mujer
  • Pintura. Autorretrato de Vincent van Gogh, realizado en1889.
Pablo Clase hijo
figuras24@hotmail.com

“Tengo que tener una mujer, de lo contrario, me helaré y me convertiré en una piedra”. Vincent van Gogh, el eterno pretendiente, veía su felicidad en una dama que le diera amor.

Si solamente hubiera gustado la dicha de ser amado, si solamente los ojos de una mujer lo hubieran besado con la mirada, tal vez habría vivido más tiempo, aunque, quizás, nunca habría tomado un pincel. La imposibilidad de hallar una compañía femenina duradera a lo largo de su vida influyó en su derrumbamiento y suicidio.

Este genial pintor holandés, del siglo diecinueve, precursor de impresionistas y expresionistas, produjo cientos de obras que incluyen “Comiendo patatas” y “La noche estrellada”, pero, lamentablemente, solo pudo vender un cuadro en toda su vida: “La parra roja”.

La tragedia de su delirio
Paseando por las calles, descubrió que le gustaban las prostitutas. Eran para él unas “hermanas y amigas”, unas parias como él, que no le rechazaban.

En 1888, tras una acalorada discusión con Gauguin,  Van Gogh ñceloso del éxito de aquel pintor francés con las prostitutas de Arles- se cortó parte de la oreja izquierda. El incidente tuvo claras connotaciones sexuales: Van Gogh introdujo la oreja en un sobre y se la envió a una prostituta que prefería a Gauguín. Cuando abrió el sobre que contenía la ensangrentada oreja, la dama se desmayó.

     Van Gogh sufría ataques recurrentes de locura, se pasó voluntariamente un año en un manicomio. Tres años antes de su muerte, le confió a su hermana que estaba pasando por toda una sarta de relaciones sin sentido, “de las cuales emerjo por regla general lastimado, avergonzado y poco más”.

Desenlace fatal
Finalmente, se suicidó, disparándose un tiro en el estómago, oculto detrás de un montón de estiércol en el patio de una granja. Contaba treinta y siete años.

Van Gogh no fue afortunado en ninguno de los elementos esenciales de la felicidad, a saber, algo que hacer, alguien a quien amar y algo que esperar. En lo que hizo, como pintor, su genio no fue reconocido por sus contemporáneos; en el amor, jamás fue correspondido, y su esperanza fue hundirse voluntariamente en las tinieblas de la muerte.

“Y ahora, Señor, ¿qué esperaré? En ti está mi única esperanza” (Salmo 39:7). 

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