Al faltar uno de los dos padres Luz Marina Cortázar, directora del Instituto de la Familia, dice que las probabilidades de que el niño presente trastornos emocionales son bastante altas. Cuando la madre está, pero es una adolescente, la situación se presenta de manera diferente. “Ahora se trata de un niño criando a otro”, señala Cortázar.
Intimidada por el gran calzado de la maternidad, la madre delega su rol a un externo; la abuela, quien sin finalizar con la formación de su retoño se divide en dos. Este revoltillo de roles causa que el niño crezca sin una perspectiva de a quién debe obedecer ni las reglas a seguir.
A esto se suele sumar una depresión posparto y un sentimiento de desolación que se traduce en frustración para el bebé.
Mamá no me quiere
Cuando la madre se rehúsa a reconocer al niño, usualmente lo hace desde el vientre. Pretende seguir su vida; si bebe, fumaba o se drogaba lo hace más. No le importa lo lesivo que pueda ser a su salud o a la del bebé, con no cuidarse siente que le está cobrando a su cuerpo la mala jugada.
En este panorama se dibujan dos madres; una que trae al mundo y otra que cría. La primera quiere, la segunda tiene que querer.
El niño crece entonces sin una figura a la cual apegarse. Lucha por la atención de la madre, sin tener éxito.
Se siente inseguro al sociabilizar, presenta problemas de estima y a veces se torna violento.
“Busca en la calle alguien que lo aprecie pues en casa, no tiene a nadie”, dice Laura Pichardo Carvajal, psicóloga clínica y terapeuta en el mismo centro.
Al crecer, Cortázar señala que estos niños tienden a llenar las carencias de afecto y disciplina de manera inadecuada. Añade que muchos caen en drogadicción o se convierten en delincuentes.
Mamá me abraza
Según Cortázar, no importa que el niño se tenga a destiempo si se asume con responsabilidad. Asegura que no es imposible crear un hogar estable para el niño y que lo que se precisa es contar con un sistema familiar donde la madre pueda apoyarse. Pichardo Carvajal afirma que lo importante es dar a la madre una guía para encaminar su futuro. Aclara que la ayuda que recibirá no la extenúa de la responsabilidad, sino que la equipa con herramientas para capacitarse.
“Va a aprender, pero le va a costar”, manifiesta la psicóloga. Aunque se equivoque más que una primeriza normal, la madre y el niño encontrarán su manera de salir adelante.