El pecado es todo aquello contrario a la ley de Dios. Esta expresa Su santa y perfecta voluntad. Por ejemplo, si uno miente, comete pecado. ¿Por qué? Porque Dios ha ordenado no mentir. Uno peca si hace lo que Dios ha prohibido, pero también peca, si uno deja de hacer lo que Dios ha mandado.
En Santiago 4:17, leemos: “El que sabe hacer lo bueno y no lo hace comete pecado”.
El tema del pecado es tratado en el libro de los Romanos de manera clara y precisa. Pablo demuestra que “todos, judíos o no judíos, están bajo el dominio del pecado” (Ro 3:9).
El apóstol prueba que el pecado no es simplemente algo malo que se ha hecho, sino, básicamente, una condición del corazón humano: “Como está escrito: ‘No hay justo, ni aun uno” (Ro 3:10). No obstante, hay remedio: “Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos” (Ro 5:6).