La Vida 22 Febrero 2012
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COSAS DE DUENDES
Sophy y los años
Alicia Estévez
alicia.estevez@listindiario.com

El salón estaba repleto pero no como yo presumía de parejas enamoradas. Las había, aunque en menor proporción. Fueron mujeres, de todos los estratos sociales y apariencias, las que, en su mayoría, ocupaban las mesas. Una ola de nostalgia envolvía el ambiente mucho antes de que la vocalista más popular del Caribe en la década de los 70 subiera a escena. Los videos proyectados en una pantalla junto al escenario destapaban los recuerdos. Pero la gente no hablaba de Sophy, sino de cómo vivía cuando su voz estremecía la radio y nadie era ajeno a las emociones que desataban sus canciones. Las sillas y mesas estaban tan cerca unas de otras que las conversaciones entre vecinas surgían a cada instante. A mi espalda una mujer morena, que anda como en los cincuenta, se empeñaba en mostrarle a sus acompañantes el video “A ritmo de la noche” que Sophy grabó en varias locaciones de la República Dominicana. “Mírame, esa soy yo”, gritó señalando a una muchacha delgada, con un corte muy similar al que aún lleva Sophy, y vestida de blanco.

Las comparé y en la señora que tenía al frente sólo quedan los ojos, brillantes y alegres, de aquella jovencita. Después vi que también permanecía su admiración delirante por la cantante boricua. A mi derecha, con un collar de perlas de varias vueltas y un elegante chal negro, una señora celebraba su cumpleaños asistiendo al show. “Mis hijos me preguntaron qué quería hacer y les dije que ver a Sophy”. Me contó que la conoció en persona hace muchos años y ha sido un referente en su vida. “Una vida muy vivida”, apunta su hija que la acompañaba. Dos matrimonios, viajes, conciertos, una mujer que no se amilana y disfruta cada minuto. “¿Cuántos años crees que cumplo hoy?” Me pregunta, imagino que setenta, pero trato de ser amable y le señalo que sesenta y pico. Se ríe a carcajadas. “Son 82”. Asombrada le comento a mi hermana Libertad, que se considera la fanática número uno de la Sophy, la edad de nuestra simpática vecina. Tampoco lo cree.  “Yo quiero estar como usted a los 70”, le dije, “porque no aspiro a llegar tan lejos”.

Las conversaciones siguen y nos toca a nosotras hablar de lo que nos une a Sophy. Yo admito que nunca he sido una fanática suya y que es mi hermana la devota. Ésta recuerda, entonces, aquel festival de la voz seibano que ganó siendo una niñita con la canción “Cuando te encuentres solo”. Un acontecimiento en mi familia y en nuestro pueblo. La ronda final estuvo plagada de emociones y conflictos. Mi hermana no olvida la anédota de que, poco después, cuando ella le pidió a mi papá que la llevara a ver un concierto de la Sophy éste le respondió que costaba 20 pesos y que con eso compraba él 4 LP.  Ella debió esperar décadas antes de que ese deseo se materializara.  Ese día, como la mayoría de los presentes, coreaba a voz en cuello a una Sophy que observaba a sus admiradores casi con asombro. “Es que estas canciones forman parte de sus vidas, ¿verdad?”, preguntó. La respuesta fue un sí general. En el público se puso de pie un admirador que Sophy identificó: la ha seguido siempre. Era un hombre con canas, como muchos de los presentes. Sólo la cantante, con su mismo peinado, voz y estilo de vestir, parecía haber burlado el paso del tiempo.

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