Conjuntamente con la llegada de Duarte a su República Dominicana, nacerían las intrigas entre aquellos que siempre le vieron como un idealista y que no creyeron en su casa nacionalista, pero que por desgracia ocupaban posiciones importantes dentro de la Junta Gubernativa.
A partir de aquel momento, el general Juan pablo Duarte comenzaría un vía crucis en el cual no sólo tendría que enfrentarse a las intenciones de los extraños que querían apoderarse del territorio dominicano, sino también a la falta de fe de algunos de sus compatriotas que querían vender el territorio nacional al mejor postor, a cambio de prebendas personales y de saciar sus intereses particulares.
No obstante, Juan Pablo Duarte haberse percatado de todo cuanto en torno a él estaba ocurriendo, entendía que la naciente república debía estar basada y funadmentada en una ley principal, o lo que es lo mismo, en una Constitución fundamental; por lo que inmediamente comenzó a escribir el Proyecto de Constitución de la República Dominicana. Nueva vez ponía su intelecto y capacidad al servicio de la Patria, pensando en los mejores intereses colectivos y en el ordenamiento jurídico del Estado.