La Vida 10 Julio 2011
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LAS OBRAS MAESTRAS
El Prado en Santo Domingo
EXPOSICIÓN ITINERANTE. 132 DE LAS OBRAS MÁS EMBLEMÁTICAS DEL MÁS GRANDE MUSEO ESPAÑOL ENGALANAN LAS VERJAS DEL PARQUE INDEPENDENCIA
  • La última cena. La pintura de Juan de Juanes, uno de los más importantes pintores del renacimiento español según el Museo del Prado. Es un óleo sobre tabla de 116 x 191 cm, realizado en 1562.
Yaniris López
yaniris.lopez@listindiario.com
Santo Domingo

Es temprano en la mañana y los transeúntes ya comienzan a aglomerarse frente a las verjas del parque Independencia.

Desde el pasado viernes y hasta octubre, unas 132 obras maestras de las diferentes escuelas pictóricas del Museo Nacional del Prado y siete paneles explicativos engalanan la mayor galería al aire libre del país, en el kilómetro cero de la ciudad.

De la escuela española, que se toma la avenida Bolívar y parte de la rotonda, llama la atención de los caminantes el Descendimiento de la cruz, de Pedro Machuca; La última cena, de Juan de Juanes, los óleos sobre lienzo de El Greco y una pintura que muchos de los paseantes reconocen haber visto en algún lugar: Las Meninas, de Diego Velázquez.

El recorrido sigue con la escuela italiana y obras de Rafael, Veronés, Tiziano o Caravaggio.

Ya en la Independencia y como parte de la escuela flamenca, algunos se detienen para contemplar el Jardín de las Delicias, de El Bosco. Es la que más tiempo les ‘roba’. Cuando voltean para irse, no pueden disimular una ligera sonrisa. Frente a una de las últimas pinturas, Adán/Eva (de Alberto Durero), los más atrevidos comentan entre risas que las poses de los nudistas “son medio raras”. Y así se van sucediendo las primeras impresiones de la primera exposición itinerante del Museo Nacional del Prado en suelo dominicano, tras aceptar con mucho interés una invitación del Centro Cultural de España en Santo Domingo (CCE).

Y aunque no se trata de la primera exposición itinerante del museo español más famoso, sí es la primera vez que se muestra con reproducciones fotográficas a escala 1-1 parte de la colección que guardan los muros centenarios de una de las pinacotecas más importantes de Europa.

Seleccionar obras y autores ha sido una ardua labor, aseguran los comisionarios de la exposición, Esther de Frutos y Fernando Pérez Suescun.

“Hemos tratado de escoger lo más representativo de cada escuela, obras que reflejen el origen de nuestras colecciones, obras procedentes de las colecciones de los reyes, obras que llegan de otros museos como regalos y nuevas adquisiciones. El público va a ver muchas obras religiosas, pero también mitológicas y desnudos”, señala Fernando.

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COMO SI ESTUVIERAN EN LA SALA DEL MUSEO

Con el tamaño a escala de las imágenes, Fernando indica que buscan que el público sienta que está frente al cuadro real. “Hay mucha tecnología para acceder a las imágenes. Tenemos una página web estupenda donde se pueden consultar 4 mil obras y una aplicación en Google Earth que permite ver las obras maestras del Prado, pero siempre desde un ordenador. Si Velázquez, en su obra más importante, Las Meninas, se autorretrata y aparece a tamaño real, queremos que el visitante vea su cabeza de tú a tú, queremos mantener esa idea de estar en la sala”, dice. De las obras que, por su tamaño original, no pueden mostrarse completas, los curadores han elegido el fragmento que consideran más interesante para el espectador con una reproducción del cuadro completo. Una cartela ofrece detalles de la pieza: autor, génesis y datos de interés.

Al museo no se va una vez y ya

La selección de las obras para la exposición El Museo del Prado en Santo Domingo ha sido tarea del área de educación del museo madrileño.

Esther de Frutos, jefa de servicio; y Fernando Pérez Suescun, jefe de contenidos didácticos de esta área, respectivamente, aseguran que lo han hecho con un sentido didáctico y educativo.

Es una opción que funciona, pues con más de dos millones de visitas al año y una colección que sobrepasa las ocho mil obras, el éxito del Museo Nacional del Prado le debe mucho al rico contenido de sus colecciones y a los programas que implementan sus autoridades para promoverlas.

Pero resulta que El Prado se vende solo, reconocen Esther y Fernando. Un promedio de entre dos mil y cuatro mil personas (alrededor de ocho mil en días pico) procedentes de todo el mundo lo visitan diariamente. Sin embargo, pese al alto nivel de visitantes y a sus políticas de exposición, también admiten que el Museo no es autogestionable y por ello un equipo humano de más de 700 personas (incluyendo 400 vigilantes) se encargan de mantenerlo entre los más visitados el mundo.

¿Cómo lo hacen? Tomado en cuenta el perfil del público que asiste al museo y programando actividades especiales para los locales.

Capturar al público
“Cuando eres turista lo que quieres es ver los museos, no te da tiempo para hacer actividades o ir a una conferencia. Un turista necesita una audioguía, un buen plano y unas buenas cartelas, pero no van a ir al Prado a una conferencia cuando dispone de tres horas para verlo.

Las actividades para familias, escolares, profesores, personas mayores y jóvenes son más orientadas al público español”, expresa Esther.

Para dar a conocer mejor la colección se valen de otras orientaciones como la música, el teatro, el cine y la literatura.

“La gente tiene que entender que al museo no se va una vez, se ve todo y sales corriendo. Hay que verlo de poco en poco y además de ver puedes hacer otras cosas: ir al cine, oír un concierto o hacer una actividad con los niños en el taller. Tienes que entrar dentro de su mundo de ocio, que igual que van al centro comercial o al cine, vean que el museo no sólo les ofrece obras de arte. Nos cuesta un poco. Estás educando al público todo el rato”, dice Esther.

Que los visitantes regresen es también una asignatura pendiente del Prado. Eso se logra, indica Fernando, con nuevos enfoques.

“Estamos trabajando mucho en las audioguías y los recorridos temáticos (sobre mitología, género, monarquía, comida, juegos, el mundo infantil) para que el público vea la colección de una manera diferente. Si ofreces esas temáticas como atracciones, el público empieza a entender el museo como un ente vivo que le puede dar mucho. Esa es nuestra labor”.

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