La importancia de la ciudad de Santo Domingo como tesoro artístico de la humanidad se acrecenta a medida que pasan los días. Tras haber sido incluída en el exclusivo círculo de las capitales culturales del núcleo hispánico, ya no somos la meta de un turismo de playa, sol y diversionevs, por lo menos en el ámbito ibérico. El atractivo de este lugar privilegiado no pueden de ninguna manera seguir siendo los numerosos casinos de juego o la aventura sexual de la índole que sea. Mucho menos el consumo y ni siquiera nos deberíamos conformar con un turismo ávido de sol, al que resulta barato el país, debido a la fortaleza de su moneda nacional. El Turismo Cultural debería ser en lo adelante, la principal propaganda que se le haga a nuestro país en el extranjero.
En la actualidad cientos de jóvenes se ganan la vida sirviendo de intérpretes a los turistas que deambulan por nuestra ciudad colonial. La imagen de un país privilegiado en donde floreció la primera colonia de europeos en el Nuevo Mundo, la que irradió al resto de América; Es un imán poderoso. Ahora bien, una población preparada es esencial para triunfar en el empeño de atraer turistas e inversionistas al país. Es de interés prioritario el remozar y adecuar las diferentes edificaciones de nuestra vetusta ciudad primada. Además de preparar la población de la zona para que reciba adecuadamente a los turistas.
Esta meta no difícil de lograr; mediante una capacitación adecuada, redundará en beneficios para propios y extraños. En todo el mundo, sea el país del bloque socialista, islámico o demócrata, los tesoros históricos y arqueológicos, constituyen un atractivo de primer orden para los turistas que cada vez con mayor ímpetu, invaden los países y territorios en busca de cultura, emociones fuertes y sexo. Nosotros con el bagaje cultural que cargamos sobre nuestras espaldas, bien podemos depurar nuestros visitantes a favor de un turismo que se recree con las maravillas arquitectónicas levantadas por nuestros primeros pobladores hispánicos y porque no, con la aventura increíble e incomparable de la saga de los descubridores y conquistadores del Nuevo Mundo, cuyas naves y expediciones partieron de Santo Domingo.