Eenciendes la radio y escuchas una intensa melodía rockera y la voz armoniosa de Giorgio que interpreta “A contraluz”; de inmediato te emocionas, y te descubres cantando animadamente con los chicos de Bocatabú.
Entre chistes, bromas y risas, pero sobre todo entre pura amistad, estos seis jóvenes músicos revelan que conforman una agrupación que sabe pasar un buen rato haciendo lo que más les gusta, aquello que tienen en común: la música.
Formada en 2008, la banda está integrada por Francisco, Claudia, Oscar, Eduardo, Giorgio y Miguel. Cada uno aporta con su instrumento parte de su riqueza artística a partes iguales.
“Esto para mí ha sido como un sueño”, expresa Miguel Abreu, baterista de la agrupación, un chico algo reservado y apasionado, quien además estudia Derecho, otra carrera que le gusta mucho.
Para ellos, su vida cambió desde la primera vez que interpretaron sus canciones frente al público. Sin embargo, y contrario a lo que se podría pensar, el éxito no es algo que los ha cambiado; siguen siendo los mismos jovencitos, ahora comprometidos con la música como el “plan A” en sus vidas.
“Una vez estaba tomando un examen en la universidad, a otro de los estudiantes le sonó el celular y casualmente su timbre era nuestra canción Bang Bang”, recuerda Eduardo Fernández, el animado guitarrista, que con su divertido estilo parece ser uno de los que más disfruta cada presentación.
Oscar Patxot, pianista, coinicide con él ya que cuenta cómo una vez en un elevador alguien iba tarareando uno de sus temas que escuchaba en un ipod. Él confiesa que no sabía si sentirse emocionado o sobrecogido. Este joven artista comenzó a estudiar piano animado por sus padres, pero sin tanta motivación por el instrumento en el que hoy afirma poner toda su voluntad y corazón.
Femenina como las notas de su violín, así se ve Claudia Ponjuan, la única chica Bocatabú, la que aporta el toque especial de su instrumento y su peculiar tono de voz en los acompañamientos vocales, con ese deje cubano que no trata de esconder sus orígenes también caribeños.
A su lado, abogado de profesión, pero músico de corazón, Francisco Caamaño, el agradable bajista, quien más allá del encanto que otorga el arte, no se pierde en explicar cómo la música se ha convertido en la verdadera profesión de su vida.
“El arte también involucra otras cosas, muchas veces es el trabajo que el público no percibe el que te abre muchas puertas”, sostiene.
De acuerdo con Caamaño, el compositor y vocalista Giorgio Siladi afirma que dentro de su repertorio interpretan temas que pudieran ser llamados éxitos comerciales, porque es parte de su compromiso con darle un poco al público lo que quiere escuchar, pero nunca dejando la intensidad su música, que es primero, arte. “Todo es parte de la magia y energía que queremos transmitir en cada canción” finaliza.
MÁS HISTORIAS QUE CONTAR
La banda está trabajando en la remasterización de su disco ‘Historias vírgenes’, el que lanzarán en Estados Unidos y Latinoamérica.
Los chicos, que dicen sentirse orgullosos de formar parte de la escena rock local, también están dando los toques finales a su segundo álbum de estudio, el que lanzarán más adelante.