La Vida 2 Septiembre 2010
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CULTURA
La preocupación al dejar el nido y volar con alas propias
EN EL PAÍS EXISTEN PADRES SOBREPROTECTORES QUE NO QUIEREN SEPARARSE DE SUS HIJOS
Mercedes Pérez Reyes
mercedes.perez@listindiario.com
Santo Domingo

Es común que, al llegar a cierta edad, las personas dejen la casa de sus padres, ya sea para formar otra familia o simplemente porque quieran independizarse.

En algunos países se acostumbra que, una vez cumplida la mayoría de edad, los hijos se vayan a vivir solos. Muchas veces se debe a que las universidades están ubicadas a cientos de kilómetros de distancia de casa o los hijos migran a ciudades donde se puede estudiar.

En el país, culturalmente suceden cosas diferentes, y según explica el psicólogo Mario Minaya: “Como cultura en nuestro país, el cordón umbilical se extiende y padres sobreprotectores mantienen un mensaje implícito de (quedate con nosotros para siempre)”.

Minaya asegura que las familias desorganizadas afectiva y económicamente ven en unos hijos exitosos la fuente de bienestar y desarrollan chantajes emocionales para, en nombre del “agradecimiento”, impedirles organizar una vida propia y a cierta distancia del hogar de origen. En otros casos son los hijos “eternos adolescentes” quienes se mantienen al cobijo del nido familiar en un ambiente cómodo y protegido justificado por experiencias de fracaso académico, laboral o amoroso.

Es el caso del joven que encuentra en su casa ropa limpia, comida caliente y compañía permanente y se le hace difícil acostumbrarse a tener que desenvolverse por su propia cuenta.

Pero la dependencia económica es considerada como el factor principal que limita la independencia.

“Vivo con mi familia porque no puedo mantener una casa yo sola. Entiendo que para eso debo tener una economía más sólida. Pero si me veo mejor económicamente, no lo pensaría”, comenta Margarita Castillo, residente en el sector de Lucerna.

Un caso poco común
Mayormente son los hijos quienes sienten que yéndose de casa, piensan que seguirán necesitando la ayuda de sus padres, pero puede darse también el caso contrario.

Jan Phillippe, por ejemplo, explica que no se decide a mudarse de casa, por entender que, no sólo dejará de tener el amor de sus padres más cerca, sino que no estará ahí para apoyar a de sus progenitores.

“Si me voy de casa, papi y mami no tendrán quien les ayude con las cosas que ellos no puedan hacer, pues además de que soy su único hijo, ellos están mayorcitos”, asegura Jan.

El experto entiende que cuando un adolescente equilibra edad, madurez, desarrollo mental, emocional, afectivo, social, económico, no se va ni se muda de casa, sino que su vida fluye de tal manera que las decisiones son consensuadas y apoyadas por la mayoría en su entorno, por pensar que son para bienestar de todos.

LA OPINIÓN DEL PROFESIONAL
Para Mario Minaya, experto en la conducta humana, una familia sana, felíz y funcional se convierte en una plataforma de lanzamiento para jóvenes, que a su vez constituyen nuevas familias, nuevos proyectos personales, en beneficio de toda la sociedad.

Al igual que una empresa exitosa, la familia se organiza como institución definiendo una misión (crecer en el amor), una visión (ser felices), unos valores (respeto, amor, fidelidad, comunicación).

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