Ver imágenes
La Vida 17 Mayo 2008
0 Comentarios
Tamaño texto
TRAUMA
Esas mismas heridas del recuerdo
SE RESUME EL PARTE MÉDICO DEL GENERAL DE BRIGADA DR. FRANCISCO GONZÁLEZ CRUZ
José Miguel Soto Jiménez
SANTO DOMINGO.- Si el asunto sólo hubiese sido bajar al malecón para esperarlo. Cogerlo “asando batata” en la avenida. Agarrarlo en la “bajadita”, en la “curvita”, en la “sombrita”. “Destutanarlo” rumbo a uno de sus comederos, camino a uno de sus “dormideros”. Si la cuestión era asecharle la predecible intención. Emboscarle la ancianidad feroz en la rutina inmancable.

Dañarle el paseo, impedirle la última cita del amor, el resuello largo, la última “muerte pequeña” de su historia. Seguirle las huellas, marcarle las pisadas, cogerle el paso, el lado flaco, conocerle el hoyito. Asesinarle entonces la férrea voluntad, ponerse de pie, “empantalonarse”, matar el miedo, la obediencia, los temores, rebozar el abuso, el uso bochornoso de la vanidad, del engreimiento, de la presunción, de su temeridad de fiera, de la inmodestia, de la inefabilidad pueril.

Agredir alevosamente la decrepitud del poder, la memoria que falla, la cansada próstata del fauno senil envilecido. El gusto trivial por la lisonja, los alabarderos, los serviles, los rastreros, los “agüizotes”. Agujerear su fama de benefactor, de conductor supremo, de visionario trasnochado, acabar con su paternalismo, los caprichos de su condescendencia.

Sus deseos de presentarse como candidato en las próximas elecciones. Si el asunto hubiese sido tan solo perforar la gastada humanidad, la socavada anatomía, la petulancia, su incontinencia senil, la egolatría, el vicio irrenunciable de mandar, de disponer, de controlar, de empadronar, de encompadrar, apadrinar y enamorarse. Hurgar un sitio en su pecho profusamente condecorado, buscando el hueco aquel, para poner allí la bala necesaria, el tiro imprescindible, el daño mortal, el perjuicio ineludible, la última razón, el más allá y el más acá, la nulidad, la nadidad, el desenfado.

Si el asunto hubiese sido causarle la hemorragia final, embadurnar de sangre su acicalada senectud, cortar el vaho denso del Imperial de Guerlain, de su loción para después de afeitar, desmentir tras los disparos su celebrada inmortalidad de caudillo longevo. Si el asunto era cobrar viejas y nuevas deudas, vengar ofensas y agravios, hacer pagar errores, faltas, yerros, pecados innombrables.. Si la cosa era empezar a vivir sin él, sin sus designios, sin la propiciatoria mención repetida de su nombre, su tutela, sus apodos, sus rangos, sus frases célebres, su acondicionada protección, sus fotos, sus “slogans”, sus estatuas, sus merengues, su particular forma de bailar, montar caballo, de rascarse la oreja, de beber, de hablar, de engañar, filtrear, “echar vainas”, “envainar” y sonreírse de forma peligrosa. La forma, el gesto, la mueca, el bigotico, el ademán aquel al saludar las multitudes sudorientas.

Pagar con la acción, el precio de asistir a sus desfiles, a sus manifestaciones, a sus revistas y recorridos cívicos, a sus juegos florales, a sus maniobras, a sus ceremonias, a las inauguraciones, a sus paradas militares, a sus bailes, a los actos solemnes del partido, a las sesiones del “Instituto Trujilloniano”, al palacio y al congreso nacional. Si la cuestión se llevó a cabo para derribar sus monumentos, saquear sus casas, sus fincas, sus haciendas. Para “carrerear” a los calieses y a sus compadres. Para poder oír las estaciones de afuera, devolver a San Rafael al santoral, poder leer los poemas de Neruda, los cuentos de Bosch y los textos de Juan Isidro. Entonces fueron pocas las heridas coincidiendo en nuestra historia.

Fueron tan sólo cinco heridas. Cinco heridas repartidas en el cuerpo de una alegoría repetida. Fueron cinco heridas escogidas por la lógica de la casualidad con la matemática inexacta de la muerte. Las cinco que recibió Lilís en Moca. Las cinco que recibió Mon por los lados de Güibia. El general de brigada Dr. Francisco González Cruz E.N. Director del Cuerpo Médico y Sanidad Militar, el día tres de julio de 1961 certifica que en fecha 31 de mayo del mismo año examinó el cadáver del déspota, escribiendo textualmente: “Examiné el cadáver de su excelencia el generalísimo, doctor Rafael Trujillo Molina, benefactor de la patria y padre de la patria nueva, comprobando que presentaba las siguientes lesiones: a- Herida de bala con orificio de entrada en la región mentoniana, a nivel de la línea media sin orificio de salida, que ocasionó la fractura del maxilar inferior y pérdida de varias piezas dentarias. b- Herida de bala con orificio de entrada a nivel del segundo espacio intercostal izquierdo, debajo de la tetilla.

La trayectoria trazada por este proyectil fue subcutánea. c- Herida de bala con orificio de entrada al nivel del séptimo espacio intercostal izquierdo, con orificio de salida en la cara posterior del hemitorax izquierdo a nivel del séptimo espacio intercostal. d- Herida de bala en el hueso axilar izquierdo, a nivel de la línea media axilar sin orificio de salida.

e- Herida de bala con orificio de entrada en la fosa iliaca izquierda sin orificio de salida.

f- Herida de bala con orificio de entrada a nivel de la primera falange dedo índice mano izquierda, con orificio de salida cara anteriortercio, inferior antebrazo izquierdo. La trayectoria trazada por este proyectil ocasionó fracturas con minutas de los huesos del carpo, metacarpo, cubito y radio, con gran pérdida de tejidos blandos.

g- Traumatismo región temporal auricular y malar izquierda, con hundimiento del arco zigomático. Esta certificación según el general González fue expedida a solicitud del señor Secretario de Justicia mucho tiempo después del hecho. Varias observaciones se nos ocurren tras el estudio realizado de todo el acontecimiento histórico de la muerte de Trujillo.

Lo primero que conviene aclarar es que al dictador no se le realizó una autopsia y estas lesiones aquí descritas son el fruto del reconocimiento médico efectuado por varios galenos para conservar el cadáver, dirigido por el eminente doctor urólogo Abel González, que en ningún caso era médico forense.

El general González Cruz, director del cuerpo médico de la FF.AA., en la convulsa situación política, llegaría a ser designado Secretario de las Fuerzas Armadas, hecho insólito que no podemos desligar de su participación profesional durante los sucesos del 30 de mayo como director del Hospital Militar. El tiro del mentón, a nuestro parecer, el primer disparo que recibió Trujillo dentro del carro, fue un balín de la escopeta de Antonio de la Maza y que en realidad no revestía gravedad. La pérdida de las piezas dentales podría aludir a la voladura del famoso puente que luego apareció en el interior del auto de Trujillo. Todos los impactos de bala que recibió el “jefe” según la descripción facultativa del general González, la recibió del lado izquierdo, lo que sirve para recrear la posición del dictador durante la refriega y su lado de exposición al fuego de sus contrarios. Los dos tiros recibidos en el lado izquierdo del pecho, uno con orificio de salida y otro sin el mismo parecen ser uno de pistola cuarenta y cinco y otro de carabina calibre treinta.

El tiro que le entra por la mano, rompiéndole el índice izquierdo, y que denuncia una posición de tiro, es el mismo que habiendo salido, según dice el médico, le entra de nuevo en la axila izquierda. El hundimiento de que habla González, de la región auricular y malar izquierda, sino es fruto de la caída, entonces podría ser fruto de algún golpe propinado después de muerto cosa de la que no tenemos noticia. Según el certificado del general médico González Cruz, expedido dos meses después del hecho y que al parecer no tuvo contacto exhaustivo con el cadáver Trujillo recibió seis tiros.

El doctor Abel González, cuyas versiones sobre su participación en los hechos ha sido al través de los tiempos la más coherente e invariable, afirma que puesto en la disyuntiva de preservar el cadáver, obedeciendo una orden, orientado de madrugada por un galeno que dominaba esa técnica que él desconocía, “bregando” solo con el cuerpo exánime del dictador, reconoció cinco heridas, ya que no tenía ninguna en la axila, mas si una herida de salida en la espalda por donde se salía el formol.
Recomendar este articulo por:
COMENTARIOS 0
Este artículo no tiene comentarios
Se ha cerrado la discusión de este artículo por lo que no se puede comentar