Desde un recinto penitenciario, Daniel Bastardo ha podido continuar aportando ingresos a su familia, a través de un trabajo técnico que realiza.
Hace dos años es el encargado de un taller en el centro modelo de San Pedro de Macorís, donde fabrica ropas y calzados, que no solo sirven como uniformes de los internos y del personal que labora en la cárcel, sino también para vender al público.
Esta labor que desarrolla Bastardo es un ejemplo de las oportunidades que brindan a los internos los 14 centros del nuevo modelo de gestión penitenciaria instaurado en el país en el 2003 por la Procuraduría General de la República, con el objetivo de regenerarlos y prepararlos para que se reinserten en la sociedad como entes productivos.
Los internos aprenden un oficio en el penal, con las instrucciones de profesores del Instituto de Formación Técnica Profesional (Infotep) que imparten varios cursos. Repostería, reciclaje, invernadero, plomería, relaciones humanas, moral y cívica, cuero y piel, productor de cultivos orgánicos, electricidad, formación religiosa, hortaliza, informática y educación básica desde el primer grado hasta octavo, son parte de los programas en que participan y por los cuales reciben certificados.
Cuando cumpla su condena en tres años, Bartardo se irá con varios certificados de los cursos técnicos que realizó en el penal, al igual que los demás internos.
“Aquí hay una diferencia del cielo a la tierra, por los estudios, la superación y las oportunidades que hay en este sistema”, dice el recluso, al comparar su estadía en el centro de San Pedro con nueve años que duró en un centro del viejo modelo penitenciario. Ellos perciben un porcentaje de los fondos recolectados por la venta.
Diversidad?
“Aquí todos tienen que hacer algo, en principio les resulta incómodo para algunos, pero al final nos agradecen porque se van aprendiendo un oficio”, contó Juan José Ogando, subdirector de Seguridad durante un recorrido por el centro con un equipo de LISTÍN DIARIO. Los trabajos formales son combinados con deportes y recreación.
En el interior están distribuidos por pabellones, en un lado los preventivos y en otro los condenados. En celdas de alta seguridad alojan a los internos condenados por delitos graves.
Los centros cuentan con un área para recibir a sus parejas. En San Pedro disponen de 27 habitaciones en un pabellón ubicado en el segundo nivel, con un abanico y un baño. Dos horas por semana tienen derecho a usar las habitaciones conyugales, previo a solicitarla porque existe mucha demanda.
“A veces creen que los que estamos recluidos aquí no aprovechamos el tiempo, pero estamos en rehabilitación total”, comentó Leo Henríquez. En la cárcel de San Pedro hay 578 internos, aunque tiene capacidad para 900. Como en otros centros, los internos reciben clases formales, lo que constituye el enfoque principal del nuevo modelo penitenciario.
Educación garantizada
?Cada viernes, Saida Elizabeth Martínez se traslada desde el recinto femenino de Baní a la capital, para estudiar en la Universidad de la Tercera Edad (UTE), donde cursa el tercer semestre de derecho.
Martínez guarda prisión junto a otras 82 mujeres y funge como profesora de algunas que están en niveles más bajos.
Se beneficia del acuerdo que tiene el nuevo modelo penitenciario con las universidades, para hacer gratis una carrera. En dos años en ese centro, Martínez puede exhibir 15 certificados de cursos realizados, pues el de Baní, al igual que otros cinco femeninos, tiene talleres de costura y manualidades, área de informática, salón de belleza, área de repostería y otros.
Leonidas González, directora del centro femenino de Baní, resalta que cuentan con un equipo de especialistas de diferentes disciplinas para dar la atención que requieren.
Ya no es analfabeta?Aunque no ha logrado un alto grado académico, Juana Medina está satisfecha de haberse alfabetizado en el centro de Baní, donde lleva dos años.
“Yo llegué aquí sin saber firmar mi nombre”, recuerda. Nativa de Hondo Valle, abandonó la escuela en el primer grado, porque sus padres la sacaron para ponerla a trabajar en labores agrícolas, a cuyo oficio se dedicó para criar a sus 10 hijos. Ahora en reclusión, afirma que está preparada para desempeñar otra tarea cuando salga.
Alaba la seguridad que le brinda el centro, pues al comparar su estadía en la cárcel de San Juan de la Maguana, del viejo modelo penitenciario, afirma que allí está más segura.
“En la cárcel de San Juan sentía temor de que alguien me saliera con un cuchillo”, precisó.
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FILOSOFÍA DE VIDA QUE PRIORIZA LA EDUCACIÓN?
Reducir el crimen, humanizar las cárceles y brindar atención después de la prisión son tres ejes en los que se enfoca este modelo de reclusión, según precisó Roberto Hernández, quien coordina, por parte de la Procuraduría, el Centro de Excelencia de las Naciones Unidas para la Reforma Penitenciaria.
Resalta que sobre todo priorizan la educación, logrando eliminar los niveles de analfabetismo. Los programas educativos han contribuido a reducir los niveles de reincidencia, que son de un 2.7%, por debajo de los centros del viejo modelo, que se estima en 50%.
Cuentan con consultorios médico y dental, oficinas jurídicas, economatos y áreas infantiles. Los internos son alfabetizados y reciben entrenamiento en proyectos agrícola e industrial.
Participan en actividades artísticas y recreativas.
Con Promipyme implementan un proyecto de microcrédito para que los ex internos adquieran préstamos para instalar pequeños negocios. En la Escuela Penitenciaria se capacita a todo el personal que laborará en los recintos de reclusión.
Allí se formaron los 897 agentes de Vigilancia y Tratamiento Penitenciarios (VTP), que sustituyeron a los policías y militares. En los 14 centros del nuevo modelo está recluida el 20.3% de la población penitenciaria, con 4,560 internos.
Próximamente se integrarán otros dos, La Vega y La Romana, para sumar 16.
Integrar a La Victoria y a Nayajo Hombre sigue siendo el reto, pues son los recintos con mayor cantidad de internos, cerca de 50%, y con más hacinamiento.
A mirar hacia el futuro...la sociedad les espera...con los brazos habiertos.
el crimi.