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La República 28 Abril 2012
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SOLIDARIDAD
Canadá tiene cinco décadas apoyando programas en RD
RESPALDAN DIVERSOS PROYECTOS EN DIFERENTES PROVINCIAS DEL PAÍS
  • Empresa. Un grupo de 150 empleados de la empresa canadiense Rogers Communication, quienes emplearon su tiempo y dinero para ayudar a reconstruir un estadio de béisbolen Verón, La Altagracia.
Santo Domingo

Desde hace más de cinco décadas el pueblo canadiense ha mostrado su solidaridad con República Dominicana, ayudando a que muchos dominicanos tengan acceso a educación y a condiciones más dignas de vida.

El embajador canadiense en el país, Todd Kuiack, con el objetivo de que no se pierda la tradición de ayudas y obras en beneficio del pueblo dominicano de parte de los ciudadanos canadienses, ha estado coordinando y dando apoyo logístico a sus compatriotas para que vengan con todas las ayudas posibles, de manera que cada vez más comunidades dominicanas sean impactadas positivamente.

Kuiack, quien  ha estado presente, junto a su familia, en actividades en las que ciudadanos canadienses han decidido venir a vacacionar y hacer donaciones en República Dominicana está realizando esfuerzos para que a través del Ministerio de Turismo se pueda aprovechar aún más el espíritu de solidaridad que tiene Canadá con el pueblo dominicano.

Un gran ciudadano canadiense que se destacó en República Dominicana por servir a los pobres, fue el padre Luis Quinn, quien llegó al país en 1953 y desde entonces hasta su deceso ayudó a distintas comunidades de esta nación, en especial a poblados de San José de Ocoa, donde dejó una fuerte institución (Asociación de Desarrollo de San José de Ocoa -Adesjo-) que aún trabaja para los más necesitados de esa provincia.

Miles de dominicanos se beneficiaron de las acciones en Ocoa del padre Quinn, quien construyó 2,000 viviendas y reparó otras 7,000, además, logró conseguir alimentos, becas y útiles escolares para jóvenes y niños.

Igual que el padre Quinn, en Ocoa, sor Leonor Gibb, quien aún trabaja a favor de los dominicanos, es una ciudadana canadiense que vino al país en 1958 a través de la congregación Hermanas de la Inmaculada Concepción y desde entonces ha contribuido, junto a otras misioneras, con la educación de las personas más necesitadas.

Aunque las Hermanas de la Inmaculada Concepción llegaron al país en 1951, sor Leonor Gibb inició su misión en 1958 en Yamasá y un año más tarde fue trasladada a Consuelo, en San Pedro de Macorís.

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