El cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez encabezó ayer una misa de acción de gracias dedicada a la XX Jornada Mundial del Enfermo, en una ceremonia que tuvo lugar en la Catedral Primada de América. La misa fue organizada por la Pastoral de la Salus y allí el Cardenal ponderó de manera enfática el trabajo que realiza la pastoral en beneficio de los enfermos. La ceremonia también fue dedicada por la fecha del 11 de febrero a la Fiesta de Nuestra Señora de Lourdes.
Allí López Rodríguez dijo que instruirá a la Arquidiócesis de Santo Domingo para que sus sacerdotes acudan en auxilio espiritual de los enfermos.
En la ocasión la Catedral fue abarrotada por feligreses, miembros de la pastoral y envejecientes, jóvenes y adultos que padecen algunos afecciones. Durante el acto se presentó el mensaje de Su Santidad, Benedicto XVI “Levántate, vete: tu fe te ha salvado”. Luego el Cardenal administró la unción de los enfermos de las 14 zonas pastorales de la Arquidiócesis de Santo Domingo, previamente preparados para recibir el sacramento.
El Cardenal dijo que en su mensaje el Papa ha descrito el encuentro de Jesús con los diez leprosos y en particular esas palabras que estimó el Señor dirigió a uno de ellos, lo que ayudó a tomar conciencia de la importancia de la fe para quienes agobiados por el sufrimiento y la enfermedad se acercan a Dios. Dijo que el Vicario de Cristo explicó que de la lectura del Evangelio emerge claramente, cómo Jesús ha mostrado una particular predilección por los enfermos. Al mismo tiempo se ha instituido para ellos un sacramento específico, la unción de los enfermos.
“Al finalizar anima a los enfermos y a los que sufren a encontrar siempre en la fe un ancla segura, alimentada por la escucha de la palabra de Dios, la oración personal y los sacramentos”, explicó. El Cardenal dijo que agradece el trabajo de la pastoral.
(+)
LA UNCIÓN SACRAMENTAL
El Cardenal aplicó el sacramento de la unción a los enfermos que se aglutinaron en el templo católico, mientras se elevaban plegarias a Dios para mitigar el sufrimiento, las dolencias que embargan sus cuerpos afectados y fortaleciera cada día el espíritu. López Rodríguez les proclamó que Dios los amaba y que ellos tenían un lugar privilegiado en el Reino de los Cielos.
Los enfermos, la mayoría ancianas y una niña, fueron colocados al frente y el Cardenal se desplazó, oró por ellos mientras los pacientes cerraban los ojos y también oraban en un momento de gran emotividad para quienes estaban allí presentes.