El tintineo de 107 llaves juntas resuena cada tanto por los pasillos impecables y las salas aún vacías. Y el hombre que las lleva, pieza clave en el trajín de una jornada, conoce hasta el último rincón de este hospital que casi brilla.
Luis Manuel Henríquez (34 años) llega a las 7:00 de la mañana al Traumatológico Dr. Ney Arias, en la avenida Charles de Gaulle, para abrir tantas puertas como llaves tiene. De todas las formas, de todos los tamaños. Ayer fue uno de los más solicitados: parte del centro empezó a dar atención a los usuarios y en su primer día registró nueve emergencias y 59 consultas.
Henríquez es uno de los cinco conserjes que tiene el hospital y sobre él recae tanta responsabilidad como sobre los 120 médicos y los otros 520 empleados que trabajan aquí, incluyendo a sus 40 gerentes y seis subdirectores, todos elegidos entre 6,400 personas.
A las 10:35, hora en que acabó la ceremonia inaugural, todo el personal volvió a su puesto. Ya hay un paciente en la sala de consultas y dos en la sala de emergencias (la única del país que tiene sus propios quirófanos y otras salas especializadas): un chico de 16 años, con una fractura, y un motoconchista de 53, Primitivo Calcaño, a quien un auto lo chocó mientras conducía.
Pero la primera paciente que visitó el centro llegó a las 6:00 de la mañana, caminando desde Villa Mella. Caridad de la Cruz vino al Ney Arias porque se enteró que hoy empezaba la atención a los pacientes.
“El funcionamiento (del hospital) va a tener un impacto directo sobre todo por la calidad del servicio”, dijo a LISTÍN DIARIO, en su amplia oficina, el doctor Félix Hernández, director del Complejo Hospitalario Ciudad de la Salud, parte del cual es el traumatológico.
Si por tecnología se trata, el Ney Arias lo tiene asegurado y servirá además para descongestionar al Darío Contreras, uno de los tres hospitales especializados que tiene el país además del Juan Bosch en La Vega.
“A menor demanda, mejor calidad”, agregó Hernández a propósito de los beneficios que la atención en el nuevo traumatológico redundará pronto en el Darío.
A toda capacidad
En unos quince días el centro atenderá a toda capacidad. Ayer solamente se inició la parte de consulta externa, laboratorio e imágenes y, por este día, la sala de emergencias.
Fue allí donde Enrique de Jesús fue atendido al igual que otras ocho personas.
Este hombre de unos 60 años llegó con dolores en la mano, hinchada hace tres días. Se fue a su casa satisfecho y con el yeso puesto, igual que Calcaño, el motoconchista que resultó lesionado en una pierna.
En el segundo piso, en el área de consultas, la doctora Carolina Pineda, pasado el mediodía, ha visto ya a varios pacientes.
“Estamos preparados para suplir la demanda de atención de todo el país”, dice sin ocultar algo de satisfacción.
Tiene razón. En el Ney Arias hasta los camilleros son enfermeros y el personal administrativo ha recibido cursos desde marzo para dar primeros auxilios.
Hernández, el director del complejo, explicó al LISTÍN que la atención del nuevo hospital traumatológico incluirá, entre otras cosas, la clasificación de tipos de emergencias, un sistema de monitores en el área de cuidados intensivos, una unidad de patología, y la formación de especialistas y el desarrollo de investigaciones.
“Es un nuevo concepto, el más moderno, y está enfocado hacia la seguridad social”, dijo el funcionario.
A las 4:30 de la tarde el último paciente ya ha sido atendido y la licenciada Inés Pérez, supervisora general del hospital, de turno desde las 2:00, explica a alguien por el celular cuál ha sido la situación hasta el momento.
Los empleados de administración también se van marchado poco a poco y sólo dos mujeres de limpieza vuelven a pasar los trapeadores en el piso de la entrada principal.
A las 7:25 todavía llegan dos señoras con una bebé, pero los militares que hay en la puerta de hierro le dicen que ya no hay atención. A muchos tuvieron que decírselo.
Minutos antes, Henríquez, el conserje del primer nivel, toma su motocicleta dispuesto a irse. Ya ha dejado las llaves que más temprano se tomó la paciencia de contar.
“Son ciento siete”, recalca con el rostro triunfal, para que no quepa la menor duda.