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La República 26 Agosto 2008
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TRASTORNOS EN TRÁNSITO
Lluvias provocan caos en la Capital
Néstor Medrano

SANTO DOMINGO.- Los fuertes aguaceros que se registraron ayer en el Distrito Nacional, volvieron a poner en ascuas a la ciudadanía por la falta de un drenaje adecuado, que ocasionó grandes charcos y prolongados tapones en las vías principales.

Las inundaciones estuvieron a la orden del día en urbanizaciones, barrios y avenidas como las 27 de Febrero, Núñez de Cáceres, George Washington y su prolongación 30 de Mayo, John f. Kennedy; los conductores con sus vehículos averiados, entorpecían el tránsito y en el caso de la 27 de Febrero había un taponamiento que se extendió desde las seis de la tarde hasta pasadas las siete y media.

Igual situación de caos vivieron los conductores en los elevados y túneles, además del gentío, entre estudiantes universitarios y empleados varados en las paradas, bajo las torrenciales lluvias que iniciaron al rondar el mediodía.  En lugares como la urbanización Engombe del municipio Santo Domingo Oeste, sobre todo en la calle Penetración, los alcances de la cañada Guajimía causaron estragos, porque los moradores la taparon con basura y desechos sólidos.

Lugares de riesgo
Esto provocó inundaciones y la gente, de clase media, vio las salas de sus casas de dos niveles anegadas de agua, e hicieron toda clase de maniobra para evitar que el gigantesco charco dañara electrodomésticos y útiles del hogar. Rogelio Alcántara, presidente de la junta de vecinos, buscaba la manera, junto a los hombres de la comunidad, de encontrar a algún hombre que se “zambullera” como buzo, o una maquinaria de las que usan en la construcción para succionar el caliche y destapar el área.

Mientras en los lugares de mayor riesgo como La Barquita, La Ciénaga, La Zurza, El Dique, y la periferia de los ríos Ozama e Isabela, la gente se mantenía en expectativa, vigilantes de las posibles crecidas  de esos afluentes y, nuevamente volvieron a recordar a las tormentas Olga y Noel. Los hombres de la Defensa Civil alertaban y se dispersaban en brigadas dando la voz de alerta  a los moradores para que intentaran por todos los medios preservar sus vidas en casos de emergencia.

Al atardecer las aguas del Mar Caribe, a la altura de la autopista Las Américas, la avenida España y la George Washington exhibían oleajes anormales, por lo que los pescadores habituales tuvieron cuidado de no aproximarse mucho a los sitios de peligro.

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