La República 26 Diciembre 2007, 10:04 PM
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THE NEW YORK TIMES | LISTÍN DIARIO | TURNING POINTS
Una ciudad en una colina: el mundo urbano que se avecina
  • Una vista aérea de la comunidad de Mumbai, en India, tomada por Ruth Fremson, el 30 de mayo de 2007.
Suketu Mehta

Hay una tremenda travesía en curso en nuestro planeta ñun movimiento masivo que va de los pueblos a las ciudades y no tiene precedentes en la historia. Y ahora, nos encontramos en una coyuntura decisiva.

En junio de 2007, las Naciones Unidas pronosticaron que en 2008 vivirán más personas ñ3.3 mil millonesó en  las ciudades que en las aldeas por primera vez en todo el mundo. Tan sólo en China, unos 18 millones de personas están emigrando de las áreas rurales a las urbanas cada año.

Estamos a punto de convertirnos en una especie urbana. ¿En qué tipo de mundo vamos a vivir? ¿Cómo nos va a cambiar esto?

Para el 2030, se espera que la población urbana llegue a los cinco mil millones de habitantes, y 81 por ciento de la humanidad urbana estará en el mundo en desarrollo. Entre el 2000 y el 2030, la inmigración y el incremento natural provocarán que la población urbana se duplique en África y Asia. Y existe una enorme brecha entre los estándares de vida de los habitantes de las ciudades y los de las aldeas: el Banco Mundial informa que 75 por ciento de los pobres del mundo en desarrollo vive en áreas rurales, mientras que sólo 58 por ciento de su población total es rural.

A diferencia de siglos anteriores, en los que los acaudalados festejaban en palacios alejados del campo ñy disfrutaban estilos de vida que parecían míticos e inalcanzables para los aldeanosó, en la actualidad la televisión y el internet han proporcionado a cada aldea y caserío una ventana hacia esas vidas. Con la nariz pegada al vidrio, los aldeanos pueden ver que ellos, también, podrían tener ropa de diseñador, y coches nuevos y ostentosos si tan sólo emigraran. El calentamiento global sólo exacerba este fenómeno que amenaza con hacer de la salida del campo devastado por las inundaciones y las sequías una estampida.

Esta emigración representará retos tremendos para la estructura política de muchos países mientras se busca acomodar y controlar esta población en cambio constante. En China, los aldeanos necesitan permisos cuidadosamente racionados para vivir en las ciudades, así es que hay grandes cantidades de inmigrantes ilegales que viven temerosos en las sombras de los edificios nuevos y deslumbrantes en Shanghái, Beijing y Shenzhen.

El potencial de una explosión social, si las autoridades deciden deportarlos, es enorme. Por toda Europa, los partidos de extrema derecha que se oponen a la inmigración están acumulando fuerza electoral a partir de una oleada de xenofobia contra los inmigrantes árabes, africanos y europeos orientales, provenientes, en su mayor parte del campo empobrecido de sus propios países.

Un arquitecto de Mumbai me explicó alguna vez que la planeación en esa ciudad es un ejercicio inútil. Entre más agradable se hace ñagregando vialidades y vías ferroviarias, mejorando la vivienda disponibleó, mayor  será la cantidad de personas de aldeas desposeídas que atraerá Mumbai, que llenarán las calles, los trenes y las viviendas. La única solución perdurable es propiciar que los agricultores se queden en sus ranchos y recompensarlos por ello. Si se arreglan los problemas de las aldeas, se arreglan, como un efecto secundario afortunado, los de las ciudades.

Y no se arreglarán los problemas a menos que la agricultura vuelva a ser viable en el mundo en desarrollo; y eso no va a suceder si no se hace más equitativo el sistema internacional de comercio y aranceles agropecuarios. En 2005, los países de la OCDE apoyaron sus agricultores al son de 273 mil millones de dólares, un incremento de 31 mil millones de dólares desde finales de los años ochenta a pesar de las protestas de los países en desarrollo.

Cuando el algodón indio o africano es más caro que el estadounidense en el mercado mundial ñdebido  a los dos mil millones de dólares en subsidios que el gobierno otorga sus productores de esa materia primaó, entonces el campesino indio o africano dirá a sus hijos que tomen el primer tren a la ciudad, encuentren trabajo sin importar las condiciones y envíen dinero para el resto de la familia. En 2005, más de 17,000 agricultores indios se suicidaron, según el gobierno indio, muchos por la desesperación ante su incapacidad de pagar préstamos agropecuarios perjudiciales, mismos que se han vuelto esenciales en forma sistemática conforme el precio de las semillas genéticamente modificadas y la maquinaria agrícola aumenta más allá del alcance de los campesinos de subsistencia.

Todos ñdonde quiera que se vivaó tenemos un interés en ayudar la gente de megaciudades como Mumbai. La desesperación de los habitantes de las barriadas del mundo en desarrollo afecta directamente las fortunas económicas y políticas de Nueva York y París. Las oleadas de inmigrantes que llegan a esas ciudades traen consigo sus culturas, aspiraciones y conflictos desde otras partes del planeta. Es tan importante que Londres comprenda a Mumbai como lo es que ésta comprenda a aquella, si no por otras razones,  porque la próxima generación de londinenses está naciendo en Mumbai. Y, dado el crecimiento fenomenal de la economía india, que se acercó a 10 por ciento en 2007, es igualmente posible que la generación siguiente de habitantes de esa ciudad esté naciendo en Londres.

¿Por qué la gente vive en  las megaciudades?
Cada día es una agresión a los sentidos. La emisión de gases es tan gruesa que el aire hierve como una sopa. Hay demasiadas personas. Se puede vivir en una ciudad costera, pero el único momento en el que las personas pueden acercarse al mar es por una hora los domingos por la noche en una playa sucia.

Tampoco se detiene cuando se está dormido, ya que la noche hace salir mosquitos de los pantanos palúdicos y rufianes del bajo mundo que llegan a las casas. ¿Por qué se querría abandonar la aldea, donde se es propietario de una casa de ladrillo con dos árboles de mango y una vista de las colinas para venir aquí? Para que algún día el hijo mayor pueda comprar un departamento de una habitación en las afueras de la ciudad. Y el menor pueda moverse más allá, a Estados Unidos o Europa. Las incomodidades son una inversión.

Como en las colonias de hormigas, la gente en las ciudades perdidas sacrifica de buena gana sus placeres temporales por el progreso mayor de la familia. Un hermano trabaja y mantiene a los demás, y tiene una gran satisfacción por el hecho de que su sobrino se interesa en las computadoras y probablemente se vaya a Estados Unidos. Las ciudades funcionan con base en tales redes invisibles de asistencia. En una colonia de una barriada no existe el individuo, sólo está el organismo.

Si se analiza a detalle la estructura de una barriada urbana, se verá que con frecuencia reproduce la estructura física de la aldea de la que proviene la comunidad predominante. En Mumbai, he visto canales de aguas residuales con los nombres de ríos que corren junto a las aldeas de las distantes Uttar Pradesh o Bihar; pequeños santuarios que albergan las mismas deidades que hay en los templos de los lugares de origen; los jardines con las mismas variedades de árboles de mango y lila india que hay en las provincias que se dejaron atrás. Las calles serpenteantes de la barriada son réplicas de la topografía zigzagueante de la aldea. La ciudad perdida sombría está por tanto sobrecargada de la aldea recordada, lo que aligera la nostalgia.

Aún cuando la deforestación y la contaminación que pueden acompañar la urbanización del planeta representan peligros para el ambiente, no dejan de tener beneficios. Cuando la gente se muda a las ciudades, aumenta en consecuencia el ingreso per cápita. Los emigrantes son personas con afán de sobrevivir y tener éxito; están más motivados porque tienen más que ganar o perder que los nacidos en ellas. Y a gran escala, la evidencia parece mostrar que la emigración internacional es uno de los mejores métodos de afrontar la pobreza mundial.

El Fondo Internacional para el Desarrollo Agropecuario y el Banco Interamericano de Desarrollo informan que, en 2006, 150 millones de emigrantes del mundo en desarrollo que trabajaban en países ricos enviaron remesas por 300 mil millones de dólares ñun total mayor a la suma de la ayuda extranjera y de la inversión directa de países ricos.

Así es que la inmigración es la forma más eficiente y focalizada de hacerle llegar dinero a la gente pobre, ya que los emigrantes aseguran que su familia gastará en forma eficiente su dinero, por lo general enviado en cantidades de cien o doscientos dólares que se van incrementando, sin costos operativos burocráticos que no sean los de la transferencia bancaria.

En algunos países, hasta dos terceras partes de estas remesas van a las áreas rurales, un ejemplo sorprendente de cómo los pobres se ayudan a sí mismos. El dinero que las familias no gastan de inmediato puede ser una fuente significativa de financiamiento del desarrollo por medio de planes de microcréditos y cosas parecidas, ser las semillas de pequeñas empresas rurales que brindarán esperanza a las aldeas.

Para alguien que creció en una aldea donde las distracciones nocturnas consisten por lo general en teatro popular o servicios religiosos en la iglesia de la localidad, las celebridades glamorosas y las luces brillantes de las ciudades tienen el mismo atractivo que Nueva York para el adolescente inquieto que proviene de un pueblo agrícola del centro de Estados Unidos.

Alguna vez, un chofer de taxi en Mumbai me dijo la razón por la que sigue viviendo en la ciudad. “En una ocasión, ¡Lata Mangeshkar se sentó en mi taxi! ¡Ahí mismo, donde usted está sentado!”. Cuando contó la gente de su aldea que Lata Mangeshkar, el ruiseñor de Bollywood, cuya voz encantadora sale de millones de radios de todo el subcontinente, había honrado su pequeño taxi Fiat, pensaron que lo estaba inventando. Tales momentos intangibles de euforia hacen que muchos emigrantes sigan adelante.

Así es que existe una razón por la que la gente se sigue mudando a ciudades como Mumbai, con todos sus problemas. “Bombay es un pájaro de oro”. Un ave canora dorada: atrápenla si pueden. Vuela rápido y es sagaz, y la persecución será difícil, pero una vez que uno la tiene en las manos, abre un tesoro fabuloso.

Este es el porqué la gente abandona los agradables árboles y espacios abiertos de la aldea para enfrentarse al crimen, y aire y agua dañinos de la ciudad. La ciudad es un lugar donde la casta y la ascendencia no importan tanto, donde una mujer puede cenar sola en un restaurante sin que la molesten, y donde uno se puede casar con la persona de su elección. Para un joven de una aldea india, africana o china, el llamado de la ciudad no sólo se trata de dinero. Se trata de libertad.

Suketu Mehta es autor de ``Maximum City: Bombay Lost and Found’’ (La ciudad máxima: Bombay perdida y encontrada). Nació en la India y creció allá y en Nueva York, donde vive ahora. Escribe sobre temas que incluyen la inmigración y el multiculturalismo, y su trabajo ha sido publicado en Time, National Geographic, Granta y otras publicaciones. Fue finalista de los Pulitzer en 2005.

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