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Entretenimiento 23 Julio 2011
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DÍAS DE CINE
‘Camino a la libertad’
LOS PROTAGONISTAS HAN DE RECORRER CUATRO MIL MILLAS Y PETER WEIR SE LAS ARREGLA PARA HACER DE ESE TRAYECTO ALGO EMOCIONANTE
  • Escena. Jim Sturgess y Colin Farrell, encarnando a Janusz y a Valka, respectivamente.
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Armando Almánzar R.
Santo Domingo

El australiano Peter Weir demostró, desde hace ya 30 años, cuando hizo la excelente “Galípoli”, que era todo un señor director.

Luego, con el paso de los años, trazó una senda de estupendos filmes que disfrutamos y alabamos: “El año que vivimos en peligro”, “Witness”, “Dead Poets Society”, Green Card”. “The Truman Show” y “Capitán de mar y tierra”.

Y ahora vuelve a las andadas con un tema que, de no tener una buena mano encima, podía resultar una larga y extenuante letanía: “The Way Back”.

¿Por qué pensamos que este filme pudo ser bien aburrido? Pues porque relata un hecho real, la fuga de un grupo de prisioneros de un “GULAG” soviético en 1941.

Todos hemos visto películas sobre fugas, pero la presente, muy particularmente, podía caer en un perfecto marasmo porque no se trata única y exclusivamente de escapar de una prisión, sino de escapar de todo un territorio.

Porque los habitantes de ese lugar podían recibir una buena recompensa por delatar a los fugados, y porque los habitantes de ese lugar era contrarios a los fugados, o sea, una doble motivación para denunciarles.

Y ese territorio es inmenso, porque es Siberia.

Cuando Janusz, Valka, Smith y otros cinco prisioneros logran escapar, tienen que recorrer nada menos que 4000 millas para eludir la posibilidad de ser atrapados, porque, pasada Siberia, alcanzaban la Mongolia, y lo que les recibe en la frontera de esa otra inmensidad territorial es la mera efigie de Stalin.

Ya podrán imaginar que un grupo de individuos caminando 4000 millas no debe ser, precisamente, un espectáculo. Pero Peter Weir se las arregla para sembrar todos esos kilómetros y esas dos horas y 13 minutos de incidentes que hacen ese recorrido, para el espectador visual y sonoro, algo realmente emocionante.

No estamos aquí para discutir si lo escrito por Slavemir Rawicz, polaco que formó parte de esa escapada increíble y escritor de la novela en la que se basan Weir para escribir el guión junto a Keith R. Clarke es un reflejo fiel de lo sucedido durante todos esos meses de caminata, y tampoco si Weir respetó lo relatado por Rawicz.

Pero, dejando la autenticidad (escasamente respetada aún en biografías de celebridades y relatos de este tipo, tomados de la realidad) a un lado, el caso es que Weir lo consigue: su película es acuciante, nos lleva a través de un sendero cargado de suspense porque sabemos que esos infelices tienen no un enemigo, sino dos.

Y que el segundo es tan o más implacable que el primero: el ejército soviético y la despiadada naturaleza de una región donde sobrevivir es algo duro aún para sus habitantes habituales, y eso es, desde nuestro punto de vista, el major     logro de Weir: conseguir que el espectador se sienta sobrecogido, aterrorizado ante el embate de ese ambiente hostil, cruel, implacable que se abate segundo a segundo sobre los escapados, reducidos a guiñapos por la sed, por el hambre, por el frío mortal..

Buena edición, excelente fotografía, apropiada musicalización, buenas interpretaciones, sobre todo de Ed Harris, como Smith, a pesar de que no consideramos que “The Way Back” pueda figurar entre las mejores realizaciones del excelente director, de todos modos nos emociona, no hace pasar momentos de gran intensidad dramática.  

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