Desde la década de los 70(s) a iniciativa del ingeniero Juan Sánchez Correa, iniciamos una constante lucha por llevar al Salón de la Fama del Deporte Dominicano, por lo menos, a los 18 jugadores aficionados del Cibao, integrantes del equipo amateur de Santiago que perecieron en el accidente aéreo del 11 de enero de 1948.
Hubo promesas de don Homero León Díaz, de Mario Álvarez Dugan, muchas diligencias de Fidencio Garris, pero siempre apareció el camuflajeado no y han tratado en la Capital de vencernos por cansancio.
Nueva vez, con motivo del 48 aniversario de la tragedia, el periodista y abogado Radhamés Bonilla, en su panegírico en el acto de recordación, hizo la solicitud y unos días después, el doctor Luis Scheker Ortiz y el Lic. Rolando Miranda, Presidente y Secretario, contestan.
Los conceptos de la carta y su ortografía no los toque. Cito: “Cumplo en informarles que en la sesión celebrada el día lunes 2 de abril en curso, el Comité Permanente del Pabellón de la Fama del Deporte Dominicano Inc., conoció y ponderó la propuesta de exaltación como Inmortal del Deporte del equipo de béisbol amateur de la ciudad de Santiago, cuyos miembros, salvo su receptor Enrique –Mariscal- Lantigua, junto al resto de la tripulación y acompañantes fallecieron en el accidente de aviación ocurrido en Río Verde, el 11 de enero del año 1948, cuando regresaban de su último partido contra el equipo de Barahona.
La petición, contenida en el emotivo panegírico leído por su autor, Dr. Radhamés Bonilla en ocasión de celebrarse el LXIV Aniversario de la sentida tragedia, fue acogida con simpatía por el Comité Permanente.
Lamentablemente luego de escudriñar nuestros Estatutos vemos que dicha exaltación choca sus disposiciones que solo prevén la exaltación de atletas y propulsores a la inmortalidad deportiva de manera individual, no colectiva.
Pero identificados con los valores y el significado que este acontecimiento luctuoso encierra para el deporte y para el país, y el esfuerzo constante de la ACDS por mantenerlo vivo en la memoria histórica del pueblo dominicano y, en particular, la comunidad santiaguense, adelantándonos a la conmemoración del LXV aniversario de esa dolorosa tragedia, el Comité Permanente acordó rendirle un tributo especial de recordación en el Ceremonial XLVI que será celebrado el próximo tercer domingo de octubre del año 2012 con la entrega, en manos de la Asociación, de una placa de reconocimiento con los nombres de los beisbolistas fallecidos”.
Cierro la cita y pregunto, ¿Saldrán de ellos con una simple placa?
De Radhamés a Scheker
Radhamés Bonilla me envió repleto de algarabía la corres para que celebráramos, pero encontró mí rotunda oposición a la decisión del Comité Permanente del Pabellón de la Fama, la que en lo inmediato hizo saber a sus ejecutivos con el siguiente informe. Íntegramente vuelvo a citar: “Apreciado colega Luís: Haciendo uso de su derecho el periodista Héctor García discrepó de la decisión tomada por el Comité, conforme me lo hizo saber en un correo que me acaba de enviar y que conservo en mi archivo. Entiendo lo que dijo Héctor. Supongo que la decisión del Comité es irrevocable y definitiva. Yo le contesté a Héctor su correo en la forma que aparece más abajo.
Independientemente de sus razones y motivaciones siempre he tenido al buen amigo Héctor como una persona transparente y franca que dice lo que piensa.
Posiblemente él te llame para exponerte su punto de vista y su desacuerdo, lo que entiendo es su derecho.
Le estoy enviando a él copia del presente correo”, cierro la cita.
De Radhamés a Héctor
Otra vez íntegramente cito: “Entendía que el Comité podía establecer una “jurisprudencia deportiva”, o sea un antecedente.
La excepción confirma la regla, y si la regla es hacer exaltaciones individuales y no colectivas, la excepción en este caso debió haberse impuesto.
Al parecer creo que el Comité fijó en la letra muerta de los estatutos y no en su esencia que es la de exaltar. Opino que si los estatutos tienen una limitante, los encargados de aplicarlo debieron irse al espíritu o intención de haberse creado el Pabellón, pero es solo mi opinión.
Respeto lo decidido por el Comité Permanente del Pabellón y entiendo que sin proponérmelo quizás puse a sus miembros en una posición difícil, pero que hubiese sido mucho más justa y elegante que se hubiese decidido en la forma como públicamente se le pidió, sobre todo, porque mi propuesta no tenía ningún interés económico sino mas bien el de honrar “post mortem” el mérito de esos peloteros que más que de Santiago, son de la Patria, cierro la cita. Reiteró que esto lo habíamos hecho Juan Sánchez y yo hace 42 años.
Mi conclusión
En mi calidad de seis veces presidente de la Asociación de Cronistas Deportivos de Santiago, (ACDS), de cibaeño puro y como santiaguero considero que la tragedia de Río Verde es el desgarramiento más doloroso sufrido por el deporte en el contexto de nuestra América.
Casi medio siglo es suficiente para dar vueltas y más vueltas en torno a legalismos intrascendentes.
¡Ha llegado el momento de rendir culto a la grandeza! Sin duda alguna, venciendo las fronteras del tiempo, traer a esos 18 peloteros al filo de nuestro tiempo, todos absolutamente todos, tendrían calidad de sobra para brillar en las Grandes Ligas, pues solo un exceso de mezquindad podría ponerlo en duda.
La consigna de la dignidad deportiva dominicana debe ser: Santiago Béisbol Club al Pabellón de la Fama del Deporte Dominicano.
Y, a los que iban en el avión recordémoslos en función de la eternidad.
No hacerlo recurriendo a detallismos convenientes y temporales, es sencillamente incurrir en insignificancias.
No me rendiré hasta llevar a la inmortalidad del deporte dominicano a esas 18 figuras cibaeñas y seguiré apelando a la sensibilidad de los pulcros directivos del Pabellón, hombres sencillos y sobre todo que ondean las banderas de la decencia y la paz, principal baluarte de todo ser humano.