El Deporte 5 Febrero 2012
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PRESENCIA DOMINICANA
Deliberando
Tony Piña Cámpora
tonypinacampora@gmail.com

La Serie del Caribe nació como evento en 1949 y su esquema para definir el campeón se mantiene igual desde entonces, con la excepción ocurrida en la edición de 1991 jugada en Miami. La Serie Mundial de las grandes ligas surgió en 1903 y en esa primera ocasión el campeón se definió en un certamen pactado a un máximo de nueve juegos.

Al año siguiente no se efectuó por mezquindades de la época, pero a partir de 1905 se reanudó recortando la duración a siete partidos, manteniéndose invariable hasta la fecha. Lo que si cambiaron fueron las reglas para llegar a este último evento. Hasta 1969 los ganadores de la primera posición en cada circuito mayoritario eran los que disputaban el cetro mundial, pero a partir de ese año surgieron las Serie de Campeonato, luego las Serie de División con un comodín que ha permitido que se coronen campeones equipos que no finalizaron en la primera posición de ninguno de los estratos que componen las grandes ligas.

Desde hace un tiempo se viene señalando que el esquema que rige el torneo de la Serie del Caribe resulta monótono reclamándose que se intente cambiar. El buen amigo Héctor J. Cruz hizo una sugerencia en su columna diaria del pasado día dos que me parece acertada.

Al finalizar el calendario se extiende a un día más donde el ganador del primer lugar espera que diriman en un juego entre los ocupantes del segundo y el tercero quien tendrá el derecho a disputar el título de campeón con ellos.

En caso de empates se aplicarían los resultados de las series particulares o el llamado Run/Average para definir los derechos. De aplicarse se corre el riesgo de que un equipo que finalice el torneo invicto pueda perder el título de campeón en un solo partido. En el actual sistema es posible que ocurra que cuatro equipos finalicen empatados con marca de 3-3.

Nunca ha ocurrido aún con lo fácil que esto puede ser en un deporte de la naturaleza del béisbol.

A pesar de todo e incluso con el evidente descenso de la calidad de los jugadores participantes, el torneo genera excelentes recursos económicos y está empresarialmente establecido que se debe dejar invariable lo que funciona. Vale entonces evocar la frase de Phil Wrigley, “el béisbol es demasiado deporte para ser negocio y demasiado negocio para ser deporte” .

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