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22 Agosto 2014, Santo Domingo, República Dominicana, actualizado a las 1:15 AM
El Deporte 7 Agosto 2007
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Dionisio Gustavo libra su combate más difícil en barrio Simón Bolívar
  • Ana Rosa Gustavo, la madre de Dionisio Gustavo, quien está a su lado, explica las vicisitudes que ha tenido que pasar su hijo para llegar al lugar donde se encuentra hoy.
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Félix Melo

SANTO DOMINGO.- Aunque resulte paradógico, la medalla dorada alcanzada por Dionisio Gustavo en los pasados XV Juegos Panamericanos está distante de ser el combate más difícil de su vida.

Gustavo, quien honró a la República Dominicana al ser uno de los seis medallistas de oro en el certamen continental, desarrolla su vida cotidiana con muchas limitaciones, junto a su madre en el populoso sector capitaleño Simón Bolívar.

Pero lo peor de todo es que el joven atleta vive prácticamente “acorralado” porque la zona donde reside es frecuentada por muchos delincuentes y él teme por su seguridad y la de su mamá, Ana Rosa Gustavo.

Ocurre que los delincuentes del populoso sector de Capotillo se trasladan a cometer fechorías al Simón Bolívar, que le queda justamente al lado, y Gustavo ha sido víctima de los malhechores, que lo han asaltado en más de una ocasión. Incluso en el año 2001, fue despojado de unas prendas y recibió un balazo en el muslo derecho que por suerte no fue de gravedad.

En una ocasión también fue asaltado y despojado de su passola, con la que se trasladaba a su lugar de entrenamientos.

“A veces tengo que irme casi de madrugada a entrenar y es en esas circunstancias que me han atracado”, relató el joven a la sección El Deporte, de LISTIN DIARIO. Los delincuentes no han respetado que él es karateca, pero mucho menos han respetado que es un sargento mayor de la Marina de Guerra.

Gustavo, quien es el menor de seis hermanos, asegura que su misión principal en estos momentos es que las autoridades le ayuden a adquirir un apartamento en un lugar donde pueda vivir más tranquilo junto su madre Ana Rosa Gustavo.

El medallista panamericano expresa que cuando sale de viaje está intranquilo porque deja a su mamá sola en la casa y sabe que en cualquier momento pueden abusar de ella por la falta de seguridad que hay en los sectores de la parte alta de la capital.

“Eso es algo que me afecta incluso en los combates que celebro porque no dejo de pensar que mi madre está sola en un lugar donde no hay ninguna seguridad y me gustaría que cuando no esté en la casa, pueda estar tranquila sin preocupación de que la van a asaltar”, sostiene.

Adelanta que el incentivo de medio millón de pesos que recibieron los atletas por haber ganado medalla de oro lo destinará para los problemas de salud que desde hace muchos años padece su progenitora.

“Después que yo viva más cómodo en un lugar más tranquilo, cuando pelee ya mi mente estará más tranquila”. De manera callada, la carrera de Dionisio venía en auge creciente desde hace años en el karate. En los Centroamericanos de El Salvador 2002 ganó plata y en los Panamericanos 2003 ganó ganó bronce, mientras que en los Centroamericanos del año pasado en Cartagena se lastimó el hombro. Dijo que recientemente el subsecretario de Deportes y director del PARNI, Soterio Ramírez, le visitó en su humilde hogar y le prometió hablar con el secretario Felipe Payano para resolver el problema de su apartamento.

Sus orígenes
El karateca Dionisio Gustavo procede de un hogar humilde y doña Ana Rosa Gustavo ha tenido que ser su madre y su padre a la vez, porque ella cayó enferma siendo el atleta muy niño y su papá, Benancio del Rosario, se marchó de la casa y hasta el sol de hoy no han tenido noticias de él.

“Yo he tenido que luchar mucho para levantar a Dionisio y a mis otros hijos porque su padre se fue cuando yo me enfermé”, explica. Ella manifiesta que desde hace años padece de azúcar, colesterol alto y de la presión, por lo que tiene que gastar mucho dinero en medicamentos. “Lo poco que gana Gustavo en el Parni y en la Marina tiene que destinarlo para los gastos de mis medicinas por lo que quiero que su situación económica mejore”, refiere. Recuerda con nostalgia que cuando su hijo se inició a los seis años en la práctica del karate en un patio del sector Capotillo, ella pagaba medio peso a sus entrenadores.

Para ganar su medalla de oro, Gustavo tuvo que vencer muchos obstáculos. En la pelea eliminatoria con un brasileño le dijeron que había quedado fuera de la clasificación y se le nublaron los ojos. “Luego el delegado del equipo me llamó y me dijo que suba el ánimo que fue un error y que él le había ganado al brasileño y dentro de mí le pedí a Dios que me ayudara porque quería darle una casa a mi mamá”, considera.

Además en el pool de él estaban los cuatro mejores karatecas de su peso, habiendo sido todos campeones Panamericanos, sin embargo, la suerte estuvo de su lado. Gustavo venció en la final de menos de 75 kilogramos al peligroso cubano Jorge Taragosa.

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