Más de 150 mil dominicanos documentados residen en España, y de esos un 80 por ciento ha perdido ya sus fuentes de sustentación.
Miles han decidido emigrar a Inglaterra y Suiza buscando empleos. Y una gran mayoría luce compelida a volver a su país.
Este alto desempleo ha provocado que se intensifiquen las presiones sobre el consulado dominicano para que provea ayudas de distintos tipos.
Unos piden euros para pagar deudas y evitar que los desalojen de sus casas; otros para completar el dinero para retornar o para pagar asistencias médicas menudas.
Muchos compatriotas que cobran pensiones del Estado por desempleo temen que estas ayudas terminen pronto, lo que los dejaría en completo desamparo.
El cónsul en Madrid, Frank Bencosme, ha tenido que afrontar estas penurias otorgando ayudas mínimas, pero es obvio que para el Gobierno dominicano esta es una situación frente a la cual no tiene tanto margen de maniobra.
Esta crisis se ha reflejado en la reducción de las remesas, pero más que nada en un estado de desasosiego y desesperación entre los dominicanos que no creían tener futuro en su país y que han descubierto que tampoco lo encuentran en ninguna parte de una Europa en grave crisis económica.