El reciente informe sobre el progreso educativo en el país es una radiografía deplorable del actual estado de cosas en la escuela dominicana.
La conclusión es que, en materia de aprendizaje e inversión en educación, somos “muy deficientes”.
Esta es una verdad que nadie puede ocultar. Y lo mejor es que, al aceptarla, nos comprometamos firmemente a dar un golpe de timón a este cuadro, planteándonos claramente, sin excusas, la reforma total del sistema.
No podemos seguir anclados en un sistema que, por años, ha estado rezagado en sus variables más relevantes.
La Acción por la Educación (EDUCA) y el Programa de Promoción de la Reforma Educativa para América Latina y el Caribe, proponen establecer, como necesidad nacional, el mejoramiento de la calidad de la educación, el aumento en forma sostenida y progresiva de la inversión en este campo y el lograr una gestión más eficaz en el uso de los recursos disponibles.
Los estudiantes dominicanos, según este balance, son los que menos aprenden en América Latina y el Caribe, ya que de diez que toman las pruebas nacionales, solo pasan tres.
Eso lo venimos observando desde que se implantaron las pruebas nacionales, que cada año se convierten en piedra de escándalo porque se filtran los exámenes. Y ni aun así los pobres estudiantes son capaces de superar tales pruebas.
No hay dudas de que, en esta materia, seguimos sacando malas, pero muy malas notas. Y esto es una vergüenza, pura y simplemente.