En la medida en que crecen los canales tecnológicos y de comunicación las personas están cada vez más expuestas a ser bombardeadas por mensajes publicitarios que incitan al consumo, en base a la creación de necesidades que no siempre son reales.
Para muchas personas esa avalancha de información comercial se convierte en un problema cuando sus compras son realizadas de manera impulsiva, y en muchos casos terminan arruinando el presupuesto personal y familiar.
El director del Centro de Medicina Conductual de la clínica Reno, José Ismael Reyes, señala que el ser humano se rige por el principio del placer, es decir, que todo el mundo es feliz cuando compra, sin embargo, cuando esa acción se hace de forma repetitiva o compulsiva, fuera del ciclo natural necesidad-acción-gratificación, podrían comprometerse las finanzas e incluso el desempeño laboral de una persona.
El psiquiatra César Mella señala que los compradores compulsivos adquieren los artículos por impulso más que por necesidad, o al menos no por una necesidad inmediata, por lo que es común que los almacenen e incluso intenten devolverlos. Explica que esas personas suelen tomar artículos u objetos no prioritarios a crédito, en desmedro de los alimentos o de los medicamentos esenciales de la familia, y terminan incurriendo en deudas para cubrir sus gastos.
El director del Centro de Psicoterapia, Nelson Moreno-Ceballos, coincide con Mella en que esa conducta podría llegar a afectar el desempeño laboral de las personas por la cantidad de cobradores y vendedores que visitan y llaman al comprador durante sus horas de trabajo y por el tiempo que dedican en “aprovechar” los especiales.
Recomendaciones
Según señala el especialista, una de las formas de identificar a un comprador compulsivo es que van a una tienda a comprar un artículo y adquieren un sinnúmero de cosas, y muchas veces obvian el producto por el que acudieron a la tienda.
El asesor financiero Dalton Pérez recomienda determinar los niveles de gastos y hacer el ejercicio de tomar notas de todo lo que se gasta durante un mes, sin importar si es poco o insignificante. “Al término podríamos agrupar las cosas en las que estamos gastando el dinero y luego sumarlas por grupo. Nos daremos cuenta de cuales son aquellas cosas superfluas en las que estamos gastando nuestro dinero, y por consiguiente sabremos por dónde empezaremos a controlar nuestros hábitos de consumo”, explicó.
Otro consejo que, según afirma Pérez, resulta de mucha utilidad es analizar si se necesita con urgencia ese artículo que tomamos en las manos cuando vamos a un establecimiento comercial, si no podría esperar para luego o si en realidad deberíamos hacer el gasto, siempre pensando en el presupuesto.
Recomienda hacer una lista de las cosas que se necesita adquirir, y una vez en la caja o en el recorrido de la tienda visualizar aquellos artículos que no están en esa lista y sacarlos de allí.
Enfatizó que cuando se permanece mucho tiempo en la tienda, se hace un recorrido buscando cosas que no están en la lista, como viendo qué otra cosa hace falta. Esto es un error y proporciona los medios para llenar el carrito de cosas que no se necesitan y que solo acabarán por engrosar el monto de la compra.
“Si no tiene nada que comprar en un determinado centro comercial, procure no entrar ahí. Ver vitrinas con una tarjeta de crédito en las manos con disponibilidad es una tentación muy fuerte que lo acabará venciendo”, aconseja. Pérez resalta la importancia de que los consumidores aprovechen las informaciones publicitarias solo para ajustarlas a sus necesidades y posibilidades presupuestales, y no al revés, y destacó que los especiales son muchas veces anzuelos para que las personas compren.
“Si usted visita un centro comercial en busca de un artículo, que luego encuentra reducido de precio, pues qué suerte, porque aprovechará la ocasión de pagar menos por algo que andaba buscando. Pero cuando compra algo solo porque está en especial, en realidad está incrementando sus niveles de gastos no planificados.
Observaciones
Mella señala que la compulsión a comprar es más frecuente en mujeres entre 25 y 40 años y puede estar asociada a estados depresivos, ansiosos, características histriónicas en la personalidad o trastornos obsesivos compulsivos.
Moreno-Ceballos dice que ha tenido casos de personas que han perdido sus casas por las deudas generadas por su compulsión a las compras. Puntualiza que para estas personas las tarjetas de crédito constituyen un factor facilitador de los excesos financieros y sugiere evitar su uso, una vez identificado el problema.
Asimismo, el especialista sugiere hacer conciencia sobre la influencia de la moda, que según explicó es un mecanismo que incita al consumo aun cuando las personas tengan los artículos que necesitan.
Mella sugiere a los compradores impulsivos, designar un administrador familiar que los ayude a guiar sus consumos y compras, con quien deben hacer y respetar un estricto presupuesto semanal de ingresos y egresos y rendir un informe semanal, así como evitar administrar dinero en efectivo.
En tanto, Reyes insta a recordar el viejo proverbio “No digas todo lo que sabes, no creas todo lo que oyes ni gastes todo lo que tienes, porque puede ser que digas lo que no debes, creas lo que no es cierto y te quedes sin nada”.
PUNTOS DE VISTA
Cuando una persona compra de manera impulsiva es necesario descartar una psicopatología.
CÉSAR MELLA
PsicopatologíaLa compulsión a comprar puede estar asociada a estados depresivos, ansiosos, características histriónicas o trastornos obsesivo-compulsivos.
DALTON PÉREZ
MedidaRecomienda hacer una lista de las cosas que se necesita adquirir antes de salir a comprar y una vez en la caja sacar todo lo que no esté en la lista.
JOSÉ I. REYES
ConsecuenciasEsa conducta puede comprometer las finanzas e incluso el desempeño laboral de las personas afectadas.
NELSON MORENO
ProvocaciónPara estas personas las tarjetas de crédito constituyen un factor facilitador de los excesos financieros y sugiere evitar su uso.