SANTO DOMINGO.- La construcción de escuelas, instalaciones deportivas, centros médicos y comunales, y hogares de ancianos forman parte de las obras sociales que desarrolla la Iglesia Católica a través de sus parroquias diseminadas en el país.
Sacerdotes que lideran estos trabajos se ven a diario en el dilema de la demanda de estos servicios y la falta de recursos económicos para acometerlos.
Gregorio Alegría, párroco de la Iglesia San Vicente de Paúl, en Los Mina, reveló que con su sudor construyeron en La Barquita una escuela donde se imparte docencia hasta el séptimo curso. Por falta de recursos no han podido construir otras dos aulas para ofrecer clase hasta octavo grado, lamentó.
Disponen de un colegio en Los Mina con capacidad para 2,500 estudiantes en dos tandas. Igualmente, apoyan el Programa Aprende, del gobierno, para que adultos puedan concluir el bachillerato. Asimismo, con los pocos recursos que disponen han construido un centro de salud para la comunidad y una casa de acogida con capacidad para veinte ancianas de las calles.
El padre Alegría se quejó porque no han podido lograr que la secretaría de Salud Pública pague los salarios del personal, por lo que tienen que hacer diligencias por su propia iniciativa y pedir donaciones para a final de cada mes disponer de los fondos. También denunció que en el barrio La Barquita, que fue destruido por las tormentas Noel y Olga, ya la gente está volviendo a vivir a la orilla del río y las autoridades no han cumplido con la construcción de casas lejos del riesgo.
El padre Alegría se preguntó qué se hizo con la ayuda internacional que llegó al país. En el caso de la iglesia San Juan Bosco, su párroco Jesús María Tejada, dijo que atienden a 210 ancianos, a quienes proveen de medicinas y asistencia especializada.
Tejada resaltó que desarrollan una amplia labor dirigida a orientar a la juventud a través de los centros juveniles. Esta parroquia celebra en octubre próximo los 70 años de su fundación. Esta situación de indiferencia ante los problemas elementales le hace concluir que la sociedad está enferma, pues lo que se hace con la “cabeza” se desbarata con los pies.
“Tígueres” en misa
El padre Alegría dijo que está cansado de tanto plantear la necesidad de una escuela de artes y oficios para que los muchachos aprendan una carrera técnica corta como electricista o plomería con la cual ganarse el pan dignamente con sus manos.
Los jóvenes de Los Mina, planteó, no tienen a dónde ir a formarse laboralmente, pero tampoco a dónde divertirse sanamente. Puso como ejemplo que la misa para niños, celebrada a las 10:00 de la mañana de los domingos, se puede llenar con todos los “tígueres” del barrio, los que están en bandas, los greñudos y tatuados. “Dicen que van a enamorarse de las muchachitas, pero van”, señaló.
Y agregó: “Esta situación debe ser preocupante para los políticos, para el gobierno, porque si no hay formación, si no hay modo de poder vivir con el sudor de la frente, con el trabajo de las manos, entonces tengo que buscarme la vida de otra forma...”.
Los Ángeles, KM 13
El barrio Los Ángeles, en el kilómetro 13 de la autopista Duarte, dijo el párroco Gustavo Carles, fue construido gracias a la labor social de la Iglesia Católica. Poco a poco, añadió, fueron logrando los servicios de agua, electricidad, teléfono y la construcción de aceras y calles. Esta barriada fue levantada en una finca que era propiedad de Jhonny Abes García, el jefe del Servicio de Inteligencia Militar (SIM) de la dictadura de Trujillo.
De la parroquia Nuestra Señora de Lourdes, ubicada en el sector Los Ángeles, el padre Carles es párroco desde el año 1985.
“De Ángeles ya tiene poco”, expresó en alusión al barrio. Opinó que los barrios se han ido degradando con la criminalidad, violencia y robo, mientras ve que hay falta de autoridad en el país. En Los Ángeles había un estadio para jugar béisbol y una empresa se lo “quitó” a la comunidad. Lo que proliferan son, lamentó el padre Carles, los espacios que él ha denominado “R al cuadrado”, es decir, “mucho romo y ruido”. Mientras todo esto ocurre, criticó, penetra la droga, se agiganta la delincuencia y la corrupción sexual.
En esos barrios se descubren muchachos genios en matemáticas y otras disciplinas que desean cursar carreras universitarias y por carecer de recursos económicos su talento se pierde.
“Si los políticos se dieran cuenta de la labor que desarrollan los párrocos en los barrios otro gallo cantaría”, manifestó. En su caso se preocupa por asesorar a las juntas de vecinos sobre diversas problemáticas. Tienen la intención de buscar solución conjunta, aunque ven que las autoridades escasean para dar respuestas. Criticó que este sea un país pobre con ínfulas de rico.
Gualey
El padre Gregorio Santana, de la parroquia Santa Ana, de Gualey, y Santo Tomás Apóstol, del ensanche Espaillat, dijo que las necesidades más sentidas para la juventud en esos barrios son las escuelas. Santana, quien comparte trabajo pastoral con el padre Alejandro Cabrera, destacó que la parroquia Santa Ana es de mucha tradición en las comunidades eclesiásticas de base. El padre Nelson Remigio Polanco, quien está al frente de cinco parroquias en el extenso sector El Almirante, en Santo Domingo Este, conoce bien las necesidades de los muchachos que allí residen.
Sus parroquias son San Agustín, Santo Tomás de Villanueva, San Ireneo de Lyon, Santa Teresa de Ávila y Corpus Cristi.
También atiende la capilla del cementerio Cristo Salvador. Estima que su jurisdicción tiene una población de 200,000 habitantes. Son jóvenes que necesitan instalaciones deportivas y otros espacios donde recrearse y no entregarse al ocio “madre de todos los vicios”.
“En El Almirante hay una realidad dura: un foco de delincuencia totalmente incontrolable”, indicó.
Les interesa capacitar a hombres y mujeres de bien para el país, serios, honestos, de amor, responsables, amantes de la paz y la solidaridad
“Hay un sobresalto social de tantas personas sintiendo inseguridad, lamentándose todos los días de que le robaron y que necesitan poner verjas de hierro. Volviéndose loca está la ciudadanía”, agregó. Los párrocos sirven de “paño de lágrimas” a esos jóvenes que están en estado de desesperación.